Que dejen, por favor, de arañarse para arriba. Aquellos que lloran a grito pelado y a moco tendido su indignación y su despecho pueden irse sorbiendo los mocos. Los que claman a los cielos en contra del espectáculo bochornoso que la clase política está dando últimamente en este país, pueden tomarse un zorritone para que se les calme el ardor que deben tener de dar gritos. Señores, dejen la payasada, tanto que hablan de los padres de la patria, ellos no están hechos con una pasta diferente a la de todos ustedes. ¿Que qué quiero decir con eso? Que los tan mentados próceres son igualitos, igualitos que usted, y que usted también. Sí, y que el legañoso de la camiseta verde con el huequito en el hombro, también.
Esa frase, tan a menudo repetida, y sobre la que tan poco se medita, de que cada país tiene el gobierno que se merece, es plenamente representativa de lo que estamos viviendo. Porque estamos en democracia. Vale, griten ustedes todo lo que quieran, voceen alto, gesticulen, acúsenme de lo que quieran, y con sus aspavientos me estarán dando la razón. La Asamblea es un reflejo de Panamá. De los panameños. Y reitero, estamos en democracia en este momento, a día de hoy, y si cuando ustedes están leyendo esto aún no ha pasado nada nuevo, estamos todos en democracia. Más o menos perfecta. Pero democracia. A esos tipejos, a todos ellos, los votaron ustedes. Lo que hacen lo hacen porque ustedes los votaron. O sea, yo he conocido cuatro presidentes en este país y en todos los periodos, en todos, he oído los mismos temores y augurios de democracia amenazada. Las mismas acusaciones de manipulación política, los mismos de siempre diciendo lo mismo de siempre. Y donde dije digo, digo Diego. Señores, yo he visto en este país a un tiparraco que salió en televisión dando una rueda de prensa mientras abanicaba un fajo de billetes, y se quejaba de que en su partido había militantes de primera y de segunda, porque a otros les habían dado un soborno más sustancioso. ¡Y lo reeligieron! ¡Y sigue de diputado! Así que, a ver, ¿con qué autoridad moral los que votaron por ese señor pueden quejarse de cualquier cosa que haga? Hay varios diputados que se han agarrado a los puños anteriormente ¡y la gente los sigue votando!
Ese es el problema en este país, que criticamos a los gaznápiros que hay dentro y no somos capaces de vernos a nosotros mismos vociferando afuera, gritando estupideces, reenviando tuiteos sin pararnos a pensar realmente qué es lo que está pasando. Estoy segura de que el noventa por ciento de la gente no sabe ni a favor de qué ni en contra de qué están, se van con la corriente y se fían de lo que les dicen. Así nos va en este país de atolondrados.
Visto lo visto, y ya que ni para partirse la cara en serio tienen redaños, quiero proponer desde esta tribuna un nuevo método para la aprobación de leyes. Creo que lo mejor es que este tipo de temas se decidan con un juicio de Dios, una ordalía con todas las de la ley. A sujetar hierros candentes, a meter las manos en una hoguera, o a ver cuánto tiempo aguantan bajo el agua. O mejor aún, a sumergirlos en aceite. El que sobreviva tiene la razón. Miren qué fácil. En un par de leyes nos hemos librado de toda esa jarca de indeseables y veremos a ver si los que llegan son un poco mejores.