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Arias Calderón: Sacrificio y desprendimiento

Sé que las pasiones políticas imposibilitan a muchos evaluar hoy con justicia al doctor Ricardo Arias Calderón. Pero sería injusto esperar a eso que llaman el veredicto final de la historia, porque entonces esa historia va a señalar a esta generación como la que no supo reconocer a tiempo a una de sus figuras más relevantes.


PALABRAS del Excelentísimo Señor, Martín Torrijos Espino, Presidente de la República, en el acto de condecoración del Doctor Ricardo Arias Calderón, Ex Primer Vicepresidente de la República, el martes 25 de enero en el Salón Amarillo de la Presidencia de la Republica.
Señoras y Señores:
La costumbre ordena que en el decreto mediante el cual se otorga una condecoración, se enumeren los méritos del homenajeado, y que en las palabras de quien la impone se destaquen los más relevantes.
Esa tarea es hoy imposible. Primero, porque ningún decreto podrá decir lo suficiente sobre las ejecutorias del doctor Ricardo Arias Calderón; y segundo porque, en este caso, resaltar todos sus merecimientos podría prolongar este acto más allá del cansancio.
Si nos concentráramos únicamente en la trayectoria política del doctor Arias Calderón cometeríamos una gran injusticia con sus miles de estudiantes que recuerdan agradecidos las enseñanzas del profesor universitario.
De igual forma, si nos concentráramos en sus logros como intelectual, correríamos el riesgo de relegar a un segundo plano su inmenso prestigio internacional y sus atributos como hombre de familia y hombre de bien. Como ven, condecorar a Ricardo Arias Calderón es más difícil de lo que aparenta.
Tengo además, dos grandes desventajas: no fui alumno del doctor Arias Calderón y, encima, nos formamos en partidos políticos distintos que eran, además, casi siempre adversarios. Con ello quiero señalar que conozco a través de otros su vocación de docente, y que he seguido, a veces de lejos y a veces de cerca, su carrera política. Lo que sí he visto y palpado, en lo personal, son la solidez de sus principios y su permanente disposición de encontrar caminos de avenimiento entre los panameños.
Con frecuencia ese entendimiento al que todos aspiramos se queda solo en intenciones porque su concreción se estrella con tropiezos insalvables. A veces es la incomprensión, a veces es el temor, a veces son los odios heredados. Para superar semejantes obstáculos se requiere de autoridad moral y de generosidad como la suya para deponer, y hacer que otros depongan, aspiraciones personales. Sólo así se pueden superar desconfianzas y resentimientos pasados en aras de un valor superior, como es el interés nacional.
En ese sentido, Ricardo Arias Calderón le ha dado al país numerosos ejemplos de sacrificio y desprendimiento. Ha sido a la vez espléndido y audaz, enjundioso sin ser obcecado, no hace concesión de principios, pero rehúsa anclarse en el pasado.
Sé que las pasiones políticas imposibilitan a muchos evaluar hoy con justicia al doctor Ricardo Arias Calderón. Pero sería injusto esperar a eso que llaman el veredicto final de la historia, porque entonces esa historia va a señalar a esta generación como la que no supo reconocer a tiempo a una de sus figuras más relevantes.
A una persona que nunca rehuyó el debate político, que se interesó siempre por la historia del país sin desatender sus problemas presentes, que combatió con vehemencia pero con hidalguía en el terreno político, que dedicó su vida a enseñar a otros, que predicó con su ejemplo los más altos valores cívicos y morales.
Doctor Arias Calderón:
La Orden de Vasco Núñez de Balboa se instituyó en homenaje al Adelantado del Mar del Sur. El descubrimiento de un nuevo mar, distinto al que se había navegado para llegar hasta aquí, originó casi de inmediato, la necesidad de unir los dos grandes océanos. No deja de ser simbólico que esta condecoración se le otorgue hoy a quien ha hecho cuánto ha podido para unir a los panameños (empresa que a veces pareciera más difícil que la construcción misma del Canal).
Sus convicciones morales, la ejemplaridad de su vida familiar, su honestidad personal, su conducta cívica, su generosa vocación docente, su prestigio internacional, su valentía para defender las causas en las que cree, lo hacen más que merecedor del homenaje que la nación, por mi conducto, le rinde hoy. Por ello, constituye para mi un privilegio ser yo quien le imponga las insignias de la condecoración nacional en su grado más alto: la gran Cruz de la Orden de Vasco Núñez de Balboa.
"No hace falta mucha probidad para que se mantenga un poder monárquico o un poder despótico. La fuerza de las leyes en el uno, el brazo del Príncipe en el otro, lo ordenan y contienen todo. Pero en un Estado popular [una democracia] no basta la vigencia de las leyes ni el brazo del Príncipe; se necesita un resorte más, que es la virtud" (Montesquieu Espíritu de las Leyes libro III, capítulo 3).
Palabras del Doctor Ricardos Arias Calderón durante el acto en el que el Presidente de la República, Martín Torrijos Espino, le otorga la Gran Cruz de Vasco Nuñez de Balboa ,en el salón amarillo del Palacio de las Garzas, en Panamá, el 25 de enero del 2005.
Excelentísimos Señor Presidente de la República y Primera Dama, amigos Martín Torrijos y Vivian Fernández de Torrijos,
Amigas y amigos: altos funcionarios del Gobierno, miembros del PRD, del PP de la Estrella Verde, independientes, dignatarios de la Iglesia Católica, y miembros de mi familia:
Sean mis primeras palabras de agradecimiento al Sr. Presidente por la distinción que me otorga, tanto más significativa que por primera vez en su presidencia hace uso de esta facultad legal. El decreto que firman el Presidente y su Ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro, trae a nuestra atención al papel de la educación como camino para llegar a la política y ejercerla.
Hay en nuestra historia una tradición política que parte de hombres como Nicolás Victoria Jaén, Eusebio Morales, Guillermo Andreve y Ricardo J. Alfaro en las primeras décadas después de nuestra independencia, cuando los panameños y panameñas hacíamos de nuestra Patria una República. Abarca también esta tradición en las décadas ulteriores, cuando nuestro pueblo se esforzaba por convertir la República en un Estado Nacional, a personas como Jeptha B. Duncan, Sarah González de Behringer y Harmodio Arias, y más tarde aún como Víctor Florencio Goytía, José Isaac Fábrega, Samuel Lewis Arango y Ernesto de la Guardia Navarro.
¿En que consiste esta tradición política ? Es la tradición de la política como mutua educación de los ciudadanos y sus dirigentes políticos. Me impresionó en los considerandos del decreto, en los que el Presidente con generosidad me identifica con esta tradición, la vinculación tan estrecha que establece entre la educación y la política. A esta tradición la podemos denominar como la concepción pedagógica de la política. Es en efecto un rasgo de mi vida, ya que he sido docente universitario antes, durante y después de mi participación en la política electoral, y me doy cuenta que he ejercido la política como pedagogo político.
"No hace falta, dice Montesquieu en su clásico Espíritu de las Leyes mucha probidad para que se mantenga un poder monárquico o un poder despótico. La fuerza de las leyes en el uno, el brazo del Príncipe en el otro, lo ordenan y contienen todo. Pero en un Estado popular [una democracia] no basta la vigencia de las leyes ni el brazo del Príncipe; se necesita un resorte más, que es la virtud" (libro III, capítulo 3).
Según el mismo Montesquieu mientras que el principio de la monarquía es el honor y el del despotismo es el temor, el principio de la democracia es la virtud. Esto es así porque en democracia "hacen ejecutar las leyes los que están a ellas sometidos y han de soportar su peso" y por eso cuando en una democracia "se dejan las leyes incumplidas, como ese incumplimiento no puede venir más que de la corrupción de la república, puede darse el Estado por perdido" (ibid).
En consecuencia la democracia es la forma de gobierno que más necesita la concepción pedagógica de la política, ya que la virtud resulta de la educación ética correspondiente.
Estoy convencido que las naciones, especialmente las que como Panamá están aún en el proceso de adquirir su plena madurez como estado nacional y apenas se han planteado el perfeccionamiento de su democracia, necesitan que sus dirigentes políticos asuman, junto con sus otras funciones, la de pedagogos. Como maestros y estudiantes a la vez, los dirigentes políticos han de orientar a sus conciudadanos sobre las vías de consecución del bien común, mientras los ciudadanos han de indicar en qué consiste para ellos el ideal de vida buena, puesto que el bien común consiste en crear las condiciones jurídicas, cívicas, políticas, económicas y culturales para la realización de la vida buena de los ciudadanos. Tal ha de ser la interacción entre dirigentes políticos y ciudadanos. Ella exige una confianza mutua básica entre los unos y los otros.
La corrupción nos preocupa con razón, por que representa un peligro para esta confianza y para la virtud democrática. Nuestra democracia tiene una vulnerabilidad endógena ante la corrupción y en esa medida puede ser más peligrosa y difícil de erradicar que la vulnerabilidad exógena ante el militarismo, por ejemplo. La corrupción puede surgir de parte de los dirigentes políticos como de parte de los ciudadanos, cuando unos u otros o ambos pervierten su mutua docencia. Entonces los dirigentes políticos se desvían del camino hacia el bien común en favor de su propio bien individual y los ciudadanos indican a los dirigentes políticos un falso ideal de vida, tal una vida de egocentrismo, de consumismo y sin transparencia. Los dirigentes y los ciudadanos en su papel de maestros y discípulos los unos de los otros tienen la responsabilidad de ejercer una docencia política intensa y abarcadora que conduzca a las virtudes que necesita nuestra democracia.
Presidente, le agradezco de todo corazón que me hayan otorgado la Gran Cruz de la Condecoración Vasco Nuñez de Balboa. Ud. ha comenzado bien su presidencia, plateando los problemas de fondo que hay que hay que resolver, tal el régimen fiscal ineficiente e injusto que tenemos, y estimulando la lucha contra la corrupción como no lo había hecho ningún presidente hasta ahora. En los Conejos que esta realizando provincia tras provincia, Ud. está realizando indispensable docencia política.
Amigos todos, les agradezco que hayan querido acompañarme en este acto tan generoso. Que en política nuestra primera y última palabra y nuestro primer y último esfuerzo, sólo tengan un nombre y un objetivo, PANAMÁ, hoy y siempre.
Muchas gracias.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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