Deportes

Arqueo de ternuras

“Teatro Cecilia. No te han destruido / ¡Qué va! / Sólo te trasladaron, / intacto, / a mi memoria” (de mi Álbum de nostalgia)


Revisando la tablilla de mis libros, me di cuenta de que no quedaba ni un ejemplar de Álbum de nostalgias, el primer libro de poesía que me atreví a publicar. Aquella única edición de 500 ejemplares (Editorial Universitaria), data de 1993. Aceptaron publicarlo por recomendación de la querida poetisa Elsie Alvarado de Ricord que, entre otras cosas, dijo: «Ya el título es un acierto de síntesis. Las estampas ostentan gran originalidad, ingenio, desenfado, y en cada una de ellas la nostalgia se resuelve en un gesto risueño». Perdonen el autobombo, como buen humano no soy inmune a la vanidad. Además, si lo dijo Elsie, ¿no es para sentirse como un pavo?

Como estaba seguro de que no se vendieron todos, pasé a la Editorial de la Universidad y no sólo compré cincuenta ejemplares, pude darme el gustazo de encontrarme con Jaime Ricardo Ingram, que es su insigne director. Sentados en su oficina iluminada por la clave de Sol, hablamos un poquito de música y mucho de Panamá.

El libro me ayudará a redondear una serie de artículos sobre diferentes barrios de la ciudad de Panamá, tal como los vi y los viví en mi juventud. De eso tratan los poemas. Así lo declaro en el prólogo: “No sólo los barrios picantes, duros, musicales y dulces de mi juventud. Allí también la silueta de panameños a los que debo el beneficio de su ciencia, admiración por su humanidad o, sencillamente, por la alegría y el privilegio de su amistad”.

 

Mis próximas columnas serán una peregrinación por la misma ruta de los poemas. Un inventario de las cosas sabrosas de mi vida. Sitios y personas que estructuran la parte buena de mi existencia. Repasar esos recuerdos es un ejercicio recomendable a los muchachos de más de sesenta años y, por supuesto, para los mayores de setenta, los de mi tamaño. Cuando sentimos que la fatiga de la vejez nos oprime el pecho, lo que puede aliviarnos y darnos oxígeno es el rememorar la bondad y el cariño que pudimos intercambiar con nuestros semejantes.

Las columnas que siguen pretenderán alcanzar la meta que se fijaron los poemas: ser leídas por lectores que no buscan odio en la literatura. Prefiero que digan: «Se le pasó la mano en anís y caramelo».

Próximamente los invito a pasear por los bienamados barrios de los cincuenta que se acurrucan en esta fragorosa ciudad del siglo veintiuno.

 

fecha edicion
old id
572160
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América