Aquel humilde hijo de pescador es ya una superestrella. Tiene millones de dólares y pequeñeces de un pueblo ya no le importan, pues está acostumbrado al brillo y a los grandes desfiles, como el que se le rindió a los Yankees el pasado lunes en la ciudad de Nueva York.
Tal vez ha cambiado el cálido recibimiento de un pueblo que lo admira, por la serpentina que cae desde los altos rascacielos de la Gran Manzana.
Al menos esa es la impresión que dejó Mariano Rivera en el ambiente a su llegada ayer a Panamá, tras otra exitosa campaña con los Yankees de New York.
Fue una llegada desagradable. En el mes de la patria, qué más honor se puede tener que el retorno de uno de sus hijos, tras dejar el nombre de Panamá en lo alto del béisbol mundial.
Los periodistas que acudieron al terminal aéreo de Tocumen tuvieron que correr de un lado a otro para lograr algunas declaraciones a medias.
Mariano no salió por el lugar acostumbrado, su auto lo esperaba en el primer alto del aeropuerto. No le quedó otra que responder unas cuantas preguntas al ser asediado por las grabadoras y micrófonos.
Aunado a esto el total hermetismo que existió sobre el día y la hora exacta de su llegada, dieron los primeros indicios que la "estrella" no quería hablar y que sería un mal día para los periodistas
Quizás se ha olvidado de las clínicas que le dan a los peloteros para tratar a la prensa de cualquier parte del mundo.
¿Por qué no se comporta igual con los medios de Estados Unidos? ¿O es que todavía le está afectando el batazo que le dio Sandy Alomar en los "playoffs" de 1997?.
Mariano Rivera desde hace un par de temporadas tiene una actitud algo agresiva con los medios de comunicación, olvidándose que es una figura pública y que el pueblo quiere oír sus palabras tras una buena campaña.
Es cierto que tiene derecho a su vida privada y que quiere descansar tras un año muy agitado, pero también debe sacar tiempo para conversar con la prensa que es la encargada de llevarle a la población un mensaje de superación de alguien que viene de abajo.
No queremos pensar que los millones de dólares están "ponchando" los pensamientos de Rivera.
Qué diferencia con un Olmedo Sáenz que deja su práctica de bateo en el Estadio Nacional para hablar cada 10 minutos con uno o dos periodistas.
Roberto Kelly, otro ejemplo de humildad; "cómo está mi gente, venga para hablar", fueron sus palabras cuando se apareció por el coloso de Cerro Patacón.
Si la actitud de Mariano Rivera es producto de algún incidente con un periodista, debe decirlo o plasmar qué es lo que no le gusta. Es más, que diga abiertamente ante el pueblo que no gusta de los periodistas y que no hablará más con la prensa panameña.