Las lluvias que azotan el estado brasileño de Río de Janeiro desde Navidad han dejado al menos 50 muertos, aunque las brigadas de rescate temen que hay decenas más de víctimas sepultadas entre el lodo y los escombros.
La zona de desastre fue visitada ayer por el presidente Fernando Henrique Cardoso, quien ofreció ayuda para los damnificados. Los equipos de rescate reanudaron las excavaciones entre toneladas de lodo, basura y escombros, pero admitieron que sería prácticamente imposible encontrar sobrevivientes.
"La lluvia paró y podemos trabajar sin exponer a nuestra gente a nuevos aludes", dijo el coronel Joao Bosco, jefe del Departamento de Defensa Civil del estado. "Pero lamentablemente sólo esperamos recuperar cadáveres".