El hecho de que haya varios hípicos vinculados a las esferas gubernamentales o en posiciones de decisión dentro en los diferentes Órganos del Estado parece que finalmente redundará en beneficio de la actividad, por lo menos en términos económicos.
Esta semana se formalizó, mediante primer debate en la Comisión de Economía y Finanzas de la Asamblea Nacional, el aporte de tres millones y medio de dólares (B/3,500,000.00) que, a partir del 2012, serán entregados para ser destinados, fundamentalmente, a la bolsa de premios.
Se trata, en medio de todo, de una noticia alentadora, puesto que es de suponer que una inyección en el valor de los premios incidirá en el ánimo de los inversores y, por ende, estimulará la compra de caballos y se mejorará el espectáculo.
El que los diputados hayan dispuesto que, en principio, el 80% de estos ingresos -que serán aportados mediante la Junta de Control de Juegos- sea destinado a las carreras ordinarias es un buen síntoma porque allí está el grueso de los caballos que constituyen el soporte de las reuniones semanales.
También se informó que habrá un aporte de 500 mil dólares por parte del Ejecutivo en las ocasiones en que seamos anfitriones del Clásico del Caribe.
Estas son noticias que, en definitiva, renuevan el ánimo y revitalizan las esperanzas de que la hípica, como deporte, entretenimiento e industria, todavía tiene posibilidades.
Toca ahora al operador, a las autoridades y a los profesionales del medio hacer el trabajo que les corresponde.
Eso es, en el caso del operador, manejar el hipódromo con el celo que lo hace un buen padre de familia; en el de los jueces y autoridades, ser ecuánimes en sus decisiones; y en el de los profesionales de la hípica, proceder con probidad y buena fe.
Si no es así, de nada servirá todo el dinero del mundo.