Hay momentos en los que la vida te sorprende o, sencillamente, un extraño proceso de crecimiento espiritual te obliga a reflexionar. Es el instante de sumar y restar posibilidades, de valorar los sueños y meditar si se han olvidado, se han cumplido, siguen intactos o se quedaron atrapados en el afán que es el vivir.
Muchas de mis ilusiones no han sobrevivido y han sucumbido en el combate por sobrevivir. Me imagino que a todos les ha sucedido algo similar.
Ante la evidencia se buscan las razones, las causas de esta realidad; pero solo se llega a la conclusión de que muchos de los sueños han quedado asfixiados entre los muros de la indiferencia, de la desigualdad, de la injusticia que restan oportunidades y suman deberes.
Ser profesor es una misión para seres con una enorme coraza, en la que la ingratitud no pueda entrar. Es una tarea difícil. Hay que cumplir con las quinientas horas semanales, como decía Nicanor Parra en su Autorretrato, que es idéntico al mío y al de cualquier educador comprometido. Como él, he perdido la voz haciendo clase, a tres metros no veo ni a mi madre y “Por el exceso de trabajo, a veces veo formas extrañas en el aire, oigo carreras locas, risas, conversaciones criminales. Observad estas manos y estas mejillas blancas de cadáver, estos escasos pelos que me quedan. ¡Estas negras arrugas infernales!”
Los docentes sufrimos un desgaste emocional y físico increíble; no obstante, las nuevas políticas educativas apuntan hacia una mayor cantidad de trabajo por el mismo salario. Las jubilaciones especiales son asunto del pasado y, si las tendencias de imitar a Europa se cumplen, dentro de poco cambiarán las leyes de jubilación como ha ocurrido en España. La nueva edad de jubilación en este país es a los 67 años y, por supuesto, que también aumentaron la cantidad de cuotas.
Estudios realizados indican que en los hospitales para enfermos mentales, el mayor porcentaje de los pacientes corresponde a educadores. Vivir para educar, para morir sin entender cuál fue mi misión, por eso se deben crear programas que apoyen la higiene mental de los docentes; se debe instituir un sistema de ajuste salarial más justo; darnos las jubilaciones especiales sin tener que pagar cuotas adicionales; construir en los lugares de difícil acceso, la casa del educador, con el propósito de que los docentes que son nombrados allí puedan contar con una vivienda decorosa y tener garantizados los servicios básicos; en fin, darnos la dignidad que nos merecemos.