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Avenida Central 37-A


A los muchachos hay que enseñarles, desde temprano, a “balconear” –decía la abuela.

Y cuando se celebraban las fiestas patrias, mis balcones hacían honor a su buena construcción, porque valientemente soportaban el peso de los numerosos familiares y las amistades que llegaban, desde tempranas horas, para asegurarse un buen sitio en el palco en que yo me convertía. En esos momentos, lo importante era, para los que balconeaban, escrudiñar rápidamente con la mirada las filas que avanzaban por la calle, procurando admirar, aunque fuera por breves instantes, a sus retoños.

Yo me divertía escuchando las exclamaciones de ansiedad y de regocijo cuando se identificaba al estudiante que buscaban. Recuerdo como un año especial, el “debut” del Batallón Juana de Arco del Colegio de La Salle. Los muchachos marcharon airosos por las calles de la ciudad capital (la Avenida Central), y las adolescentes no se conformaron con verlos desde los balcones, sino que atisbaban desde las aceras para aplaudir de cerca los intrincados ejercicios que ejecutaban. Esta nueva modalidad causaba sensación. Sin embargo, al pasar el tiempo, recordé con admiración, la frase que el padre de la Nena dijo a su esposa en aquella ocasión: “No me agrada ver a los muchachos panameños marchando orgullosos, porque tienen un fusil al hombro. ¡ La historia le dio la razón!

 

Cuando correspondía a los bomberos festejar sus efemérides, el famoso desfile de antorchas iluminaba mis balcones; y los sonidos de las inigualables “DIANAS” me hacían temblar. Es indudable que mis balcones han sido los ojos de mi rostro.


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488637
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América