Azul es el asombro palpitante en los textos de Emma Romeu. Ella rumia en la “cacofonía del oleaje” sus relatos de sal y transparencia. Son relatos tristes, a veces descorazonadores… Relatos vivos que te atrapan con su anzuelo y te arrastran por mares de peripecias.
Ayúdame a mirar. Un poco ese favor tomamos de Emma, que nos deja mirar en sus palabras el mar. Porque en sus trabajos, los que he tenido la oportunidad de hojear y ojear, ella me ha enseñado a mirar parajes, paisajes, a sentir historias. He tenido la oportunidad de mirar a través de su mirada Atlántica estos mundos relacionados, que reconozco en sus relatos.
La hermosura de una narración bien administrada, la sinceridad del lenguaje, la sencilla complicidad con que nos entrega cada historia, el conocimiento de causas y efectos, el rigor científico expresado en su momento, dan verosimilitud a sus relatos como se exige… y entonces la palabra cae al ojo, como decía Lezama.
Imagino que las razones editoriales matriculan ciertos libros en categorías, que si infantil, que si juvenil… Hace tiempo aprendí que la buena literatura no admite categoría y que lo bueno, mayor dicho lo que trasciende, es aquello donde prevalece la belleza. Y eso será leído con la misma fruición por el público.
La belleza de una historia triste se salva por el giro inesperado y los finales esperanzadores. Con lenguaje sencillo, la narración se enriquece y lo pondera aún más el lenguaje submarino…
En "Azul y otros relatos del mar", nos sumergimos con Marco y retamos a la muerte; aprendimos que “la soledad es mala, aunque sea en la imaginación”; conocimos a Xóchitl y a Margarito Flores cabalgando sus amores “tanto galope por la costa que las herraduras se le deshicieron”; La mujer gaviota, que en realidad se llamaba Marina; y el cuento fenomenal La herencia, donde la prosapia de los Franciscos nos lleva de generación en generación tras un mapa del tesoro y una llave…
La mejor carta de presentación de un autor es la maestría para contar y devolvernos a ese placer que se comparte, cada vez con más entusiasmo, que es la lectura.
A Emma, gracias por el mar o por el mar hecho palabras.
Su obra, como diría uno de los personajes de sus cuentos “Es un Tesoro tan grande que no van a alcanzar todos los órganos para disfrutarlo”.