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¡BAAANNG!

[B]“No hay crimen que yo no hubiera podido cometer” Goethe[/B] Si discuto con el papel, estoy muerto. Nunca hemos peleado. Siempre la pasamos bien. Ahora


Ernesto Endara (Escritor) / Escritor

[B]“No hay crimen que yo no hubiera podido cometer” Goethe[/B]

Si discuto con el papel, estoy muerto. Nunca hemos peleado. Siempre la pasamos bien. Ahora nos toleramos con recelo. De pronto es una especie de patrón. Eso no me cuadra. Nunca me gustaron los patrones, de ninguna clase, ni jefes, ni aquellos que se toman a sí mismos como ejemplo; ni santas ni santos eregidos patrones de candorosos pueblos. Acepté el patrón dólar, porque, ni modo, con él pagué mis vicios.

El papel es una posible vía para comunicarse con los vivos. Esta hoja, tan liviana que la puedo volar con un suspiro, aunque no tengo pulmones donde acumular aire, puede servirme.

Entonces, ya lo sabes. Estoy muerto. Quiero narrar mi muerte sin falsas médium. Nada parecido a Rashomon o Ghost. Quiero intentarlo con el papel, que siempre usé para eso... y para el baño.

Lo supe desde que empezamos el coqueteo: «Esta mujer será mi perdición». Más adelante me dije: «No importa, por ella iré gozoso hasta la tumba», ¿Tumba? Era solo un decir pues mis cenizas las lanzaron al mar en Las Bóvedas, sin ceremonias ni llantos, tal como lo había pedido. Así fue. Mis restos físicos revolotearon pocos segundos antes de caer entre las rocas. Ahora mi espíritu se aferra a esta página en blanco que intento llenar con palabras.

Hubiera preferido que Micifuz nos sorprendiera y que –al estilo bostoniano– él y sus testigos intentaran pasar un hilo entre los dos cuerpos, comprobando al cien por ciento la legitimidad de sus cuernos. Pero no, los latinos tememos en exceso la infidelidad de nuestras mujeres. Nada de “Ojo pa’quiven”.

No lo culpo querer matarme. “Pensar un asesinato al día lo libra a uno del siquiatra” decía Bellow. Él cree que, con el tiempo, ella volverá a amarlo (cosa harto imposible, el tipo es inquerible). Pero su mujer bien valía un asesinato.

Esa noche, que todavía pasa para mí aunque ya pasó para todos, estaba viendo al buenazo (pero enamoradizo) Robert Crawley, señor de Downtown Abbey, declarando una verdad que condenaría a Bates. Tocaron a mi departamento. Me levanté. Las palabras que nunca se dijeron aullaban detrás de la puerta. La abrí y... Mire usted, al fin escribo sobre el papel, pero lo único que me sale es un definitivo, estruendoso y justiciero: ¡Bang!


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864488
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América