Todo el que haya navegado en cualquiera de las costas panameñas, podrá recordar que en ocasiones aparecen unos “bufeos” que surcan graciosamente las aguas y sus saltos en el mar atraen las miradas de los navegantes. Pero, la experiencia se hace más excitante, si uno tiene la oportunidad de apreciar un cetáceo más grande que el delfín, como una ballena u orca que saltan o exhiben su colorido en el océano.
El avistamiento de cetáceos se ha convertido en los últimos años en una de las actividades más fructíferas del turismo marino, en la medida que han desaparecido aquellas imágenes míticas de Moby Dick, tanto en su versión literaria como fílmica y que pusieron a la ballena como un ejemplar sanguinario que recorría los mares.
En México, Chile y Argentina, se observan a su paso hacia aguas más frías donde se trasladan para alimentarse y aparearse. Cuando las hembras van a tener sus crías y a darles los primeros cuidados, se dirigen a los mares de Centroamérica, según han observado los científicos, quienes resaltan que el Corredor Marino entre Costa Rica y Ecuador presenta condiciones óptimas para este proceso.
Los cetáceos, mamíferos marinos que incluyen a las ballenas, orcas, zifios, cachalotes, narvales, marsopas, belugas, corresponden a unas 80 especies distribuidas en los océanos con unos 42 géneros y se caracterizan por dos condiciones que tipifican sus subórdenes, las que poseen barbas (mysticeti) y no tienen dientes propiamente dichos, y las que poseen dientes y son cazadoras (odontoceti).
La actividad del avistamiento de cetáceos, también conocida con el anglicismo whale watching, se practica comercialmente en países como España, en lugares de Tarifa y el Estrecho de Gibraltar, así como en las islas Canarias; igual en México en el extremo sur de la península de Baja California, en Los Cabos y lógicamente en el extremo sur de este continente.
En Belice, por ejemplo, se lleva a los turistas a las playas y se les da la opción de mirar e interactuar con las ballenas y en aguas más profundas, se puede apreciar a los cetáceos a través del piso transparente de las embarcaciones.
En todos estos lugares, las empresas turísticas organizan giras que permiten a los interesados mirar el espectáculo de las ballenas que se desenvuelven a sus anchas con las familias en el océano. Y el objetivo del avistamiento puede también ser de propósitos educativos, de investigación o didáctico.
En Panamá, algunos científicos han visto ballenas en los archipiélagos de Las Perlas y Coiba; además en el Golfo de Chiriquí en el Pacífico. También se habla del espacio entre Taboga y tierra firme en Veracruz y hasta enfrente de la bahía. Juan Maté y Héctor Guzmán, investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, confirman la presencia de estos cetáceos en aguas panameñas.
“Las aguas someras de Coiba parecen ser un sitio de crianza donde las ballenas pasan el invierno austral”, afirma Maté, quien ha buceado y estudiado los arrecifes en las islas de ese archipiélago y también coordinó el plan de manejo de esa área protegida. Este científico hace memoria sobre sus encuentros con ellas; “he visto tantas ballenas que ya no recuerdo cuándo las vi por primera vez, pero fue muchos años atrás”.
Por su parte, Guzmán trabaja en el archipiélago de Las Perlas y menciona que siempre han estado allí; “pero ahora con el incremento turístico, se ha hecho más publicidad y pareciera que son nuevas en el área”.
Según estudios que se han hecho y observaciones desde sobrevuelos en avioneta, las ballenas están distribuidas por todo el archipiélago frente a Darién. Manifiesta Guzmán, que su población es entre 600 y 800 individuos; “hemos catalogado 250 ejemplares diferentes; las especies más frecuentes son Jorobadas, Bryde Tropical y Pilotos”.
Si bien Panamá no es un centro internacional caracterizado por la abundancia de estos cetáceos, sí son conocidas las posiciones en cuanto a la política global de protección de estas especies marinas. Al respecto, el diario La Opinión de Málaga, España, reprodujo una información; “Panamá ratificará su posición en defensa de la conservación de las ballenas en la LXI reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) a desarrollarse en Madeira, Portugal...”.
También la agencia española EFE se ha hecho eco de estas informaciones; “Panamá votó en 2005 por primera vez a favor de la moratoria de la caza de ballenas, después de varios años de rechazarla, en consonancia con Japón…”.
Revela en otro punto esta nota que “…la delegación presentará un informe en el que se apoyará las decisiones adoptadas por la CBI, en torno a la protección y conservación de las ballenas y el uso no letal de cetáceos, dijo el portavoz de la Cancillería de Panamá”.
De acuerdo con estas consideraciones, el país debía desarrollar una política que incluía dos actividades básicas; promover el establecimiento de santuarios en el Atlántico y Pacífico Sur; además la presentación de un mapa sobre el avistamiento de ballenas en el que se destacan las áreas de este país donde llegan estos mamíferos marinos.
Asegura la información que para el Gobierno panameño es "importante el tratamiento del tema del avistamiento de ballenas dado que se trata de una actividad que, manejada de forma sostenible y responsable, ofrece oportunidades para el desarrollo socioeconómico a las comunidades costeras".
Hace unas semanas, se realizó en Panamá una reunión de coordinación de varias instituciones para organizar un taller regional de entrenamiento sobre avistamiento y varamiento de cetáceos a celebrarse a inicios del año 2010 y que reunirá en el país a científicos y a autoridades con la finalidad de intercambiar experiencias impulsadas en el Caribe.
Este taller permitirá tener un mayor conocimiento sobre el comportamiento de estas especies, medidas para disminuir la pesca indiscriminada e incidental y las acciones eficaces para proteger el ambiente marino.
Esta reunión de coordinación incluyó a instituciones gubernamentales, científicas y no gubernamentales con funcionarios de la Agencia Nacional para los Océanos y la Atmósfera de los Estados Unidos de América (NOAA por sus siglas en inglés) con la finalidad de conocer las capacidades nacionales para que el país se convierta en anfitrión de este taller regional.
Para Adrián Benedetti, director de Áreas Protegidas y Vida Silvestre de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), es de importancia esta actividad de avistamiento de cetáceos, “pues así se aprovecharía toda la experiencia de otros países y se compartiría para usos científicos y la toma de decisiones en cuanto a políticas que permitan aprovechar ese recurso y estimular nuevas actividades cónsonas con el ambiente”.
Una de las agencias de los Estados Unidos que ha trabajado en este tema con varios países de la cuenca del Caribe es la NOAA, que mira con interés esta posibilidad de reunir en Panamá a varios países y centros científicos interesados en el avistamiento y varamiento.
Nancy Daves, de Asuntos Internacionales del Servicio de Pesquerías de la NOAA, dijo que la actividad pesquera debe evitar la captura incidental de los mamíferos marinos y que el varamiento de éstos daría información sobre sus problemas, enfermedades, así como pistas que los científicos pueden utilizar para preparar hipótesis y teorías que ayudarán a conocer y a posibilitar un ambiente marino más sano.
La perspectiva de que Panamá sea un sitio de avistamiento para giras internacionales podría convertirse en un proyecto de nuevas actividades, beneficiar a las comunidades costeras y cambiar un poco el perfil de pobreza que por lo general aqueja a estas poblaciones. Pero esto también supone adquirir conciencia sobre la necesidad de preservación de los mares y sus recursos.
Existe un conjunto de acciones que se cumplen en las aguas que rodean el estrecho istmo panameño y que terminan por verter desechos o reducir la biodiversidad marina. Por ejemplo, el ‘aleteo’ de tiburones, la depredación de tortugas en la pesca del atún, la sobreexplotación pesquera o la destrucción de manglares en aras del crecimiento urbanístico u hotelero.
La observación de cetáceos es una actividad recreativa, instructiva, sostenible y que si bien persigue a las ballenas, no lo hace con el instinto del capitán Ahab del ballenero de Moby Dick de atrapar, destazar y mercadear a este animal marino. La idea es rescatar una relación más estrecha con estos huéspedes que aprovechan la tranquilidad, belleza y calidez de nuestros mares y cuya presencia, enriquece el patrimonio natural.