El Barcelona goleó ayer al Valencia en Mestalla por 0-3 en un partido en el que pasó por encima del equipo valenciano en lo futbolístico y en lo anímico y en el que impuso su ley frente a un rival plano, que navega a la deriva desde hace algún tiempo.
Para ello, al Barcelona no le hizo falta Ronaldinho, que estuvo todo el partido en el banquillo. Tampoco echó de menos a Messi, quien, lesionado en el minuto 41, fue sustituido; al tiempo que Eto’o como titular y Deco como suplente tampoco estuvieron los noventa minutos sobre el terreno de juego.
Enfrente tuvo a un rival que camina hacia el abismo y sin recursos, que dista mucho de ser un equipo de fútbol, que ha batido muchos de sus registros negativos en las últimas semanas y que en Ronald Koeman, su nuevo técnico, ha encontrado cualquier cosa menos un revulsivo.
El Barcelona ya fue el amo y señor del encuentro a lo largo de todo el primer tiempo, con las largas posesiones de balón, cambios de juego en diagonal hacia los extremos y una clara superioridad sobre su rival en todas las facetas de juego.
Los primeros minutos Eto’o, solo ante Cañizares, falló el gol.