El nuevo Barcelona de Frank Rijkaard, el que ha traicionado su estilo para abonarse al resultadismo más efectivo, sigue aferrado a la Liga tras vencer ayer por la mínima al Racing de Santander (1-0), en otro mal partido ofensivo del conjunto azulgrana.
Este Barça, cuyo nivel de competitividad crece al mismo ritmo que disminuye su fútbol atractivo, volvió a aburrir a la parroquia del Camp Nou, sufrió lo suyo para conseguir la victoria y acabó, una vez más, pidiendo la hora.
Sin embargo, el equipo azulgrana suma y sigue vivo en todas las competiciones, aunque ayer pareció sumido, desde el primer minuto, en el desánimo que supone el mazazo moral de comprobar que el líder no cede terreno ni siquiera en las jornadas más propicias para ello.
Lento, perezoso, ausente e impreciso, al Barça le costó un mundo abandonar la zona defensiva con el balón jugado en la primera mitad. Buena culpa la tuvo el Racing, un equipo serio, sólido y solidario, que salió a presionar muy arriba -algo poco habitual en los rivales que visitan el Camp Nou- desde el inicio de partido.
Y eso que Marcelino dejó en el banquillo a Colsa y Garay, ausencias destacadas que añadir a la de Munitis y Smolarek, los delanteros titulares del conjunto cántabro que no viajaron por lesión. Los visitantes perdieron pegada y creatividad, pero la imagen de equipo trabajado y trabajador, sin embargo, no se resintió.
El gol llegó tras un cabezazo de Bojan que se marchó fuera por poco tras conectar una falta botada por Sylvinho y Henry marcó el 1-0.