E ran las 8:15 a.m. del último miércoles de marzo cuando mi reloj me despertó. Ese bendito día volvería a ver a mi "Sele". Ya había olvidado contra quien jugó la última vez, la memoria me traicionó por la emoción que me embargaba.
A las 10:00 a.m. me percaté de que la camiseta de la "Sele" ya no me quedaba. Es que subí unas cuantas libras. ¡Claro!, habían pasado cuatro largos meses, llenos de incertidumbre, angustia y desesperación.
Me urgía una camiseta más grande XXL tan grande como el amor a mi equipo, a mi país. Ya en la tarde tenía puesta mi casaca.
A las 3:00 p.m. estaba bien informado tras escuchar los dos programas radiales de los Dueños del Balón.
Sentado en mi diablo rojo me dirigía al estadio y preparaba mi garganta para gritar los goles de Blas, Tejada, y Gaby. ¡Qué noche me esperaba!
Pero ocurrió lo inesperado. Sonó mi celular y con el ringtone de Papachán me metía más en el partido. Pero, al contestarlo, regresé a la triste realidad.
Mi amigo Frank me informó que escuchó en la Cadena Exitosa, la noticia de última hora: el esperado partido Panamá vs Nadie, se ha cancelado. Fue cancelado, porque nuestra selección nunca jugaría contra nadie, nunca tuvimos un rival confirmado. Era otra cortina de humo.
Como fanático frustrado me di la vuelta en el bus en busca de un desahogo, llegar a mi casa, prender el televisor y confirmar la fatídica noticia.
Al acostarme a las 11:00 p.m. me percaté de que nunca estuve despierto. Era un sueño, porque ya se sabía desde hacía dos días que la "Sele" no jugaría con nadie.