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Bestias del sur salvaje

¡Qué poco nos gusta pensar! Qué poco nos gusta ver lo que nos rodea, pensar en la pobreza, en la muerte, en la lucha por la supervivencia. Un pequeño cataclismo y nos vamos todos por la cañería. Un estremecimiento y todos somos poco más que polvo.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / PANAMA AMERICA

Hace unos días fui al cine a ver una película extraña. E intrigante. ‘Una niña maravillosa’ la titularon aquí, cuando en realidad, el título original se corresponde con el que encabeza estas líneas, y es mucho más revelador que el edulcorado en español. Poquísima gente. No creo que fuera sólo por el día, sino porque la cinta no es un pelotazo testosterónico, ni una comedieta romanticona al uso.

Comienza la historia con una niña viviendo como viven miles, millones de niños en el mundo. No tan lejos como nos gustaría a todos, ahí mismo, en el jardín trasero, detrás de la siguiente presa. Nos muestra la dicotomía entre desarrollo y naturaleza, imaginación y realidad vistas desde la altura de una niña que solo conoce aquello que ha vivido y que escucha los corazones de todo lo que le rodea. Una pequeña bestezuela casi salvaje que sobrevive entre chatarra industrial, una vegetación exuberante y animales que son devorados o devoradores.

¿Y ésta ahora hace crítica de cine? Pues miren, no, pero si algo tiene una buena película, como un buen libro, es hacernos pensar. Hacernos pensar en miles de cosas interrelacionadas, en la educación de nuestros hijos, en la marginación, no sólo en la impuesta, sino en la elegida, y en cómo la caridad mal entendida a veces atenta contra el libre albedrío.

Esta película habla sobre cómo se trata de salvar a aquellos que no desean ser salvados y cómo nuestro ombliguismo acendrado no nos permite entender que quizás haya otras formas de vivir la vida.

‘Una niña maravillosa’ es una fábula de fuerza y valor. Pero no sale ninguna princesa de Disney, no tiene un final feliz donde todos comen perdices. Es complicada y dura. En la sala, el otro día, yo atisbaba varios signos de interrogación luminosos y palpitantes encima de alguna de las pocas cabezas que poblaban las butacas. Tres personas se levantaron y se fueron a los veinte minutos escasos del inicio. Un padre con una niñita de unos cinco años trataba de explicarle a la pobre una historia que no era fácil de digerir ni siquiera para los adultos (‘Una niña maravillosa’… seguro que es un cuento de hadas… ¿no?). Las caras de la mayoría de los espectadores reflejaban a la salida una profunda desazón y un estupor rayano en el desagrado.

Y aquí llega mi reflexión, ¡qué poco nos gusta pensar! Qué poco nos gusta ver realmente lo que nos rodea, pensar en la pobreza, en la muerte, en la lucha por la supervivencia. Somos animalitos enroscados en sus corrales, que están cómodos con la comida que les arrojan y que no desean mirar más allá de los barrotes que los protegen. Nos molesta que nos digan que quizás nuestra forma de vida no es la mejor, que puede que en un momento dado todo esto que nos parece eterno no lo sea. Que los dioses mueren y las civilizaciones caen.

Un pequeño cataclismo y nos vamos todos por la cañería. Un estremecimiento y todos somos poco más que polvo. Aun así seguimos consumiendo como si no hubiera un mañana. Coches más grandes y todo el beluga que se pueda. En nuestra absurda existencia irreflexiva cerramos los ojos a la realidad y corremos desaforados hacia el precipicio, como lemmings empujados por algo más fuerte que ellos. Estamos en la cuerda floja, y lo peor es que no sabemos sobrevivir de otro modo.

No queremos pararnos a pensar que, como decía Hushpuppy, todo aquello que nos creó tiene que morir, pero sólo los valientes se quedan a ver esa muerte.


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875360
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América