Enormes resplandores naranjas al sur de la ciudad alumbran la noche. Una espesa niebla torna la atmósfera irrespirable. "Ese, es el laboratorio que se quema", dice el sargento Geoffrey Horne, de la policía de Los Alamos, apartando sus gemelos.
El "laboratorio", como lo llaman aquí, es el inmenso complejo de investigación construido durante la Segunda Guerra Mundial, que se encuentra bajo alta vigilancia de 9.600 empleados, encargados principalmente de las armas y las reservas nucleares.
El predio, que se extiende en una superficie de 110 km2 en medio de pinos y árboles, es mítico, ya que fue aquí donde fue construida la primera bomba atómica en el marco del famosa proyecto "Manhattan".
Los testigos afirman haber escuchado explosiones provenientes del laboratorio. "También las escuché pero nadie sabía lo que era", explica el sargento Horne.
Las autoridades no cesan de asegurar que no hay peligro. "No hay ninguna fuga de material radiactivo", aseguró Jim Danneskiold, un portavoz del laboratorio y que aseguró que los daños eran menores.
"Todavía hay algunos focos de fuego en el terreno pero lo peor parece haber pasado. Ninguna estructura ha sido dañada, excepto dos pequeñas barracas", agregó el portavoz.
Por ahora, el centro se ocupa esencialmente de vigilar el envejecimiento del arsenal nuclear estadounidense. En 1996, última fecha para la que existen cifras oficiales, el complejo albergaba 2,6 toneladas de plutonio.
"Las instalaciones de plutonio han sido concebidas según las normas más estrictas. Se trata de un enorme inmueble con gruesas paredes de hormigón, capaces de resistir movimientos de tierra, la caída de un avión e incendios forestales. En cuanto a explosivos, están guardados en contenedores de acero indestructibles al fuego", explica Danneskiold.
Al estar informada permanentemente de la situación a través de los medios locales, la población del lugar no entra en pánico.
"Las personas están más preocupadas por sus casas, los seguros y todo eso", dice un residente de Los Alamos, refugiado en el hotel Ramada Inn de Santa Fe, y que prefirió mantenerse en el anonimato.
Las barreras de policía impiden el acceso a la ciudad, donde las autoridades han evacuado a sus 11.000 habitantes debido al avance del fuego que devastó desde hace una semana más de 10.000 hectáreas de bosques en las montañas del norte de Nuevo México.
La ciudad está tomada por las llamas. "Las llamas se expanden en todas direcciones, salvo hacia el oeste. El miércoles, los detuvimos en un 20%.Ahora es 0%", resumía la noche del jueves Charles Jankiewicz, un portavoz del servicio contra los incendios.
Entre el aire oscurecido por las cenizas en suspensión, los camiones de bomberos que regresan al frente tras haber sido llenados de agua, van y vienen en una batalla incesante.
Los barrios residenciales al norte de Los Alamos han sido particularmente afectados.Al menos 260 casas han sido destruidas por las llamas, de acuerdo a un balance oficial reciente.