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Bonds y compañía buscan regresar a la serie mundial


Cuando Dusty Baker decidió marcharse de San Francisco, los Gigantes no lo pensaron dos veces e inmediatamente contrataron a Felipe Alou como su mánager. Los Gigantes le han asignado al mánager dominicano la responsabilidad de conducir a Barry Bonds y compañía de vuelta a la serie mundial, un trofeo que el año pasado se les escapó de las manos.
A sus 67 años, Alou tiene una reputación envidiable como uno de los mejores estrategas del béisbol, pero la decisión de traerlo a San Francisco tuvo antes que todo un sentido práctico.
Alou tiene una innata capacidad para ganarse el respeto y admiración de sus pupilos y esto es importante en un equipo en el que el díscolo Bonds es la figura indiscutida. Como jugador, Alou hizo su carrera en San Francisco teniendo como compañero al padre de Bonds, Bobby. De todos es conocida la buena amistad que existe entre Barry y Alou.
Los Gigantes estuvieron a unos cuantos outs de ganar la serie mundial del año pasado, pero una sensacional remontada de los Serafines de Anaheim en el sexto juego les estropeó la celebración.
La derrota fue más amarga para Bonds, quien a sus 38 años, pudo haber visto su última oportunidad de ponerse un anillo de campeón. Con Alou abordo, los Gigantes confían en que podrán retornar al Clásico de Otoño, con un plantel muy remozado tras la partida de varios estelares de la novena que peleó el título.
La pérdida más sensible fue la del segunda base Jeff Kent, que fichó con los Astros, dejando al equipo sin el bate derecho que complementaba a Bonds. Pero Bonds y Kent -ambos de personalidad fuerte- no se llevaban nada bien y en más de una ocasión protagonizaron incidentes en el dugout.
Brian Sabean, el gerente de los Gigantes, cree tener un equipo hecho a la medida para Bonds. Buena parte del éxito de los Gigantes obedece al talento de su cuerpo de lanzadores que sigue siendo fuerte, pese a la salida de Russ Ortiz, su mejor pitcher en el 2002.
Tras dos temporadas en las que su desempeño mermó por dolencias en el hombro, Jason Schmidt (13-8, 3.45) fue clave en la recta final de la temporada al tirar varias joyas maestras. El zurdo Kirk Reuter no es la clase de pitcher que encandila, pero sabe sacar los outs y sumar victorias, como lo demuestra su marca de 83-54 en seis años en San Francisco.
El cubano Liván Hernández (12-16, 4.38) representa un enigma. Su clase es incuestionable, pero pocos encuentran una respuesta satisfactoria a su falta de consistencia en el montículo, capaz de lanzar brillantemente un día y ser apaleado en su siguiente apertura.


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113227
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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