Brasil, cinco veces campeón del mundo, necesitó casi una hora para romper la coraza de la enigmática Corea del Norte mediante un derechazo de Maicon que abrió las puertas a la ansiada victoria del debut, aunque los asiáticos le dejaron un regusto amargo con el postrero gol de Yun Nam Jin (2-1).
En un choque inédito en categoría absoluta, Brasil prolongó su tradición vencedora en sus arranques mundialistas que sólo tuvo un borrón, cuando en 1934 perdió frente a España por 3-1.
En un gélido Ellis Park de Johannesburgo, Tae Se Jong lloraba a lágrima viva durante la interpretación del himno nacional norcoreano. No era para menos, después de 44 años sin que el país más aislacionista del mundo participara en un Mundial.
Para no haber estado en la Copa del Mundo desde 1966, a Corea del Norte no se le dio mal el primer contacto. Ni las bicicletas de Robinho por la izquierda ni las arrancadas de Maicon por la derecha rompieron la disciplina defensiva norcoreana en la primera parte.
Pero en el minuto 55, Maicon penetró casi hasta la línea de fondo y cuando el meta Myong Guk se alejó del marco para tapar el previsible centro, soltó un derechazo que fue directo adentro.
Elano, en el 72, remachó un pase en diagonal de Robinho con un disparo raso y cruzado para aumentar la cuenta, pero en el 89 Yun Nam Ji se metió hasta el área chica y marcó el gol del orgullo.
Acción.La sacudida en la segunda etapa no alcanzó a ocultar la falta de mordiente del equipo brasileño.
Burocrático y casi que apático, los de Dunga avanzaron la mayor parte del partido sobre algo que parecía un campo minado, pues en cada sector aparecía una red escalonada de camisetas rojas.
Un Kaká desconocido, sin agilidad ni genialidad perdió el timón y la brújula por momentos la compartieron Elano con algunos remates a distancia que no llevaron peligro, y Robinho, cuyos regates vistosos dieron hoy la sensación de que están bien estudiados por los norcoreanos.
Ni la potencia que Luis Fabiano suele emplear para desgranar rivales le ayudó hoy a despejar el camino.
Y con ese panorama desolador para el ataque brasileño, los laterales Maicon y Michel Bastos resultaron tímidos a la hora de subir para abrir espacios y desde la mitad Felipe Melo no encontró un blanco propicio para montar el gatillo.