Durante las siete décadas en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernaba el país, cuando los mandatarios mexicanos viajaban a Washington iban a un incierto recibimiento, pero seguros de que dejaban atrás una sólida pirámide de apoyo político.
Al quebrar el dominio del PRI, el presidente Vicente Fox ha revolucionado este cuadro: El mandatario llega hoy a Estados Unidos a un cálido recibimiento de su homólogo, George W. Bush, dejando atrás el contundente rechazo que un preponderante sector laboral le proporcionó en un mitin celebrando el Día del Trabajo.
Con gritos "Fox escucha, contra el IVA es la lucha" líderes obreros abuchearon al primer Presidente opositor manifestando su repudio a la reforma hacendaria que su gobierno promueve, a la vez que una multitud de indígenas y jóvenes de la Unión Nacional de Trabajadores quemaron efigies del presidente y del Secretario del Trabajo, Carlos Abascal. La figura de Fox llevaba lemas insultantes contra el Plan Puebla Panamá.
Veteranos observadores políticos, señalando que ningún presidente anterior había recibido un enfrentamiento tan sonoro y ruidoso, opinan que las manifestaciones, junto con el rechazo por parte del Congreso del decreto en que Fox nombró a tres de los empresarios más destacados a formar el Consejo de Administración de Pemex, podría marcar el fin de la "luna de miel" política para el ex gobernador de Guanajuato que aplasto al PRI en el voto popular sin obtener una mayoría en el poder legislativo.
"Sin autoritarismo, escuchando a una recomendación del Congreso de la Unión, hemos retirado el Consejo que se había nombrado para Pemex," dijo en su discurso conmemorativo del Día del Trabajo, en una alusión a la salida de Carlos Slim, Alfonso Romo, Lorenzo Zambrano y Rogelio Rebolledo, que él había anunciado hace un par de meses con el fin de reorganizar la corporación estatal que muchos economistas tildan de ineficiente.
La reunión que hoy realizarán Fox y Bush será la tercera desde que ambos llegaron al poder para establecer una estrecha y cordial relación.
Fox, cuya orientación política y económica coincide con la de su homólogo estadounidense, no esconde su entusiasmo por esta nueva alianza, aunque continúa reservándose un espacio independiente en política exterior con su oposición a las sanciones económicas que Washington mantiene contra el régimen cubano de Fidel Castro.