Quienes pensaron que el III Clásico Mundial, organizado por las Ligas Mayores de Béisbol (MLB por su siglas en inglés) iba a estar escaso de estrellas, se equivocaron.
Durante la primera ronda y segunda fase del prestigioso campeonato, consagradas luminarias del béisbol y otros diamantes en bruto se han cotizado por sus grandes actuaciones.

Como es habitual todavía, por lo menos de forma individual, los cubanos aparecen por todos lados en los departamentos ofensivos y de “pitcheo” de la cita.
El espigado primera base José Daniel Abreu y el corpulento jardinero Alfredo Despaigne, ambos de 27 años de edad, lideran el torneo en carreras remolcadas con ocho cada uno.

Abreu y Despaigne han sido piezas fundamentales de la ardiente caldera ofensiva cubana, que en su última salida masacró 14 carreras por 0 a China Taipéi.
Los dos toleteros isleños son respaldados por sus compañeros Frederick Cepeda y José Fernández, quienes tienen cinco producidas cada uno.
Despaigne estaba ayer como máximo jonronero de la cita con tres “bombazos” de cuatro esquinas.
Schoop, el diamante
Junto a los cubanos, también destaca Jonathan Schoop, quien es una de las joyitas más preciadas de la organización de los Orioles de Baltimore.
Schoop, de tan solo 21 años y segundo bate de Holanda, ya demostró que está listo para ver acción en el “Big show” de la mayores, luego de cuatro campañas en ligas menores.
El prospectazo, que participó en la Serie Mundial de Béisbol Infantil de Williamsport, Pennsylvania, en Estados Unidos, con su natal Curazao, suma seis empujadas, cuatro de ellas para bajar de las nubes a los cubanos, en el triunfo de Holanda 6 por 2.
En este partido, Schoop sonó su segundo cuadrangular con dos compañeros en circulación.
Un japonés también está dando que hablar y es Hirokazu Ibata, quien se mantenía entre los cinco mejores bateadores del torneo con promedio de .667.
Ibata es un veterano de 38 años, que puede ser “utility” en el cuadro interior de los actuales bicampeones defensores del III Clásico Mundial de Béisbol.
Con autoridad
Unos que han dicho presente son los peloteros con talla de grandes ligas, que también han pegado con autoridad con el madero.
El dominicano y estelar segunda base de los Yanquis de Nueva York, Robinson Canó quien, sin contar el juego de trámite de anoche frente a los puertorriqueños, era el mejor bateador de los quisqueyanos con average de .600.
Nelson Cruz, otro de la tierra del merengue y la bachata, sumaba cuatro rayitas producidas para liderar el equipo, y José Reyes, de los Azulejos de Toronto, le imprime chispas a la alineación ofensiva dominicana.
El italiano Alex Liddi aprovecha el Clásico para mostrar su calidad y recibir la oportunidad a tiempo completo como tercera base de los Marineros de Seattle.
Liddi, quien jugó 15 partidos en 2011 y 38 en 2012, con los Marineros, es el referente del bateo italiano, equipo revelación del campeonato.
Por Canadá, dos grandes ligas son los que han comandado la batería. Uno es Michael Saunders, de los Marineros, y el otro es Justin Morneau, de los Mellizos de Minnesota.
Saunders, quinto cañón de los del Norte de América, era dueño de un astronómico average de bateo de .857, gracias a seis imparables en siete turnos.
Morneau es el cuarto bate estelar de los de la hoja de Maple y hasta ayer registraba un promedio de .714, producto de cinco imparables en siete apariciones oficiales al plato.
Los tiradores
Por el lado de los lanzadores, el derecho cubano Danny Bethancourt luce como la estrella más brillante, tras dos dominantes salidas.
El as de 31 años tiene dos casi perfectas aperturas, una contra China y la otra frente a China Taipéi.
Bethancourt lanzó en su debut 4.2 entradas, en las que aceptó un “hit” y ponchó a 8, mientras que en la segunda apertura permitió tres incogibles en seis entradas completas.
El cubano tiene marca perfecta de victorias y derrotas de 2-0, y su efectividad es de 0.00.
Otro que ha lucido intratable desde el montículo es Diegomar Markwell, de Holanda, al acumular dos triunfos sin reveses.
Markwell dominó a Corea del Sur, que fue subcampeón en el II Clásico Mundial y luego le quemó los bates a la artillería de Cuba, en segunda ronda.