La atmósfera que se vivió el pasado sábado en el estadio de Wrigley Field fue de un ambiente de postemporada. Las gradas y pasillos estaban inundadas, por lo que pudiera llamarse una marea azul y blanca.
Esta marea no discrimina ni género ni edad, ya que había desde infantes recién nacidos, hasta personas de la tercera edad de más de un siglo.
Las celebridades también hacen acto de presencia en este antiguo coliseo, en donde el actor Vince Vaughn hizo el primer picheo ceremonial del juego. El común denominador es que todos estaban apoyando fielmente a sus adorables perdedores los Cubs de Chicago.
Las cosas arrancaron bien para los locales, al levantar una ventaja de 5-0 sobre los Cardenales, siendo la jugada clave un doble de Alfonso Soriano con las bases llenas. Los Cardenales responden en el sexto inning con 4 carreras de su parte con home run de Troy Glaus.
Sin embargo, los Cubs no fueron negados y ganaron el partido 5 a 4, iniciando con esto un verdadero pandemónium que se apoderó de todo el Wrigley Field cuando Jim Edmonds hizo el último out, siendo Edmonds curiosamente ex jugador de los Cardenales.
Los jugadores de los Cubs celebraron con champaña, los fanáticos enardecidos cantaban los coros locales, hubo culecos en las gradas ubicadas detrás de la tercera base, en donde los jugadores bañaron a los fanáticos con la dorada burbujeante, y finalmente todo el equipo de los Cubs realizó una vuelta de victoria alrededor del estadio para ser coreados como Gladiadores Romanos.
La escena después del partido fue la de un carnaval, con calles cerradas, fanáticos en las calles y bares hasta más no poder.
El optimismo que se respira en la ciudad de Chicago es muy grande y muchos fanáticos están convencidos de que este será el año en que los Cubs romperán el maleficio de 100 años sin ganar una Serie Mundial. Amanecerá y veremos, pero algo sí es cierto, que ganen o pierdan los Cubs, siempre tendrán una de las fanaticadas más fieles de cualquier género deportivo.