Los Atleti-Barca son otra cosa. Da lo mismo el momento de cada equipo (los rojiblancos no habían marcado y los azulgranas no había encajado tanto alguno) o los pronósticos previos, porque, convertido en el "clásico de los goles", cada enfrentamiento entre ambos es una moneda al aire, un cúmulo de ocasiones en un partido ingobernable.
El Barcelona sacó provecho de la movilidad del Samuel Etoo y de la cantidad de espacios que dejó el Atlético en el centro del campo. Fruto de eso, mostró el equipo del argentino Carlos Bianchi una debilidad defensiva inesperada, de la que sacó provecho el propio Etoo a los 6 minutos, asistido por el francés Ludovic Giuly a quien le llegó un regalo del colombiano Luis Perea, que despejó mal de cabeza tras no entenderse con Antonio López.
Con el marcador a favor, en busca de un contragolpe decisivo, el Barcelona descubrió sus debilidades cuando más controlada creía tener la situación.
Petrov rescató al Atlético con una galopada por la izquierda culminada con un gran pase a la cabeza de Fernando Torres, para que el "Niño" acabase (m.17).
El ánimo rojiblanco, que se vio capaz de derrotar al campeón y remontó el encuentro nada más comenzar el segundo tiempo, gracias a un despiste defensivo de los catalanes, que aprovechó en el segundo palo el serbio Mateja Kezman.
En el Madrid hubo dudas sobre la validez del gol. "Los jugadores creen que pitó falta antes de conceder el gol", dijo Luxemburgo.
"Creo en este plantel. Todos los jugadores tuvieron muy buen nivel y tenemos las pretensiones lógicas de estar entre los mejores".
"El primer tiempo se jugó a un ritmo muy alto y fue un partido abierto, pero la lástima es que nos marcaron el gol.
"Hoy estamos tristes por esta derrota, pero esto tiene que pasar y el miércoles levantaremos la cabeza", indicó el jugador barcelonista.