Las últimas semanas han sido convulsas dentro del siempre apasionante mundo de la hípica panameña.
El Laboratorio de Análisis de Drogas (LAD), la Sociedad de Dueños de Caballos y la Unión de Preparadores han sido escenario de controversias y de pujas y repujas en una interminable medición de fuerza que, en lugar de resolver el entuerto, lo que han hecho es complicar el panorama.
Pero de todos, el caso del LAD es el más preocupante debido a que esta dependencia debe ser fiel reflejo de equilibrio y transparencia.
No se trata de una oficina más dentro del engranaje hípico, sino del recinto en donde se sostiene la credibilidad y buena imagen del espectáculo de las carreras de caballos.
El LAD ha sido siempre el soporte técnico del cual se han valido las distintas dependencias que regulan la actividad para procurar que las competencias se den en igualdad de condiciones.
Hemos percibido, y ha sido efectivamente, que el Laboratorio de Análisis de Drogas es el fiel de la balanza y su imagen, hasta hace poco, resultaba muy respetable.
Ahora las cosas parecen haber cambiado y la credibilidad está por los suelos.
Urge que se tomen medidas, que se identifique a los responsables y se corrija el rumbo, aunque esto implique mover alguna ficha.
Hacer lo contrario sería propiciar la anarquía y eso no es bueno.