En 1697 el lobo de la Caperucita Roja que creó Charles Perrault se comió a Caperucita Roja. “Esta historia fue una advertencia del escritor a sus hijos, para que no confiaran en extraños”.
Ciento quince años después, los Hermanos Grimm añadieron un final feliz porque “el cazador rescata de la barriga del lobo a la abuelita y a Caperucita”. Es decir: el lobo muere por goloso.
A fines del siglo XX, James Finn Garner escribió “una versión de Caperucita Roja, inspirada en la evolución política y social de la época”. No tengo datos de quién se comió a quién; pero el cuadro de fondo sugiere que había mucha materia para nutrirse.
Caperucita Roja ha sido la heroína en novelas, cuentos, cómicas, historias perversas, teatro, cinematografía y en poesías de figuras ilustres como Gabriela Mistral.
Hay que añadir a éstas, las caperucitas modernas, las de varios colores y algunas otras excepcionales adaptaciones. Estos apuntes fueron captados durante la interesante mini-charla ofrecida el Día de la Literatura Infantil por la Licenciada Minnka Zachrisson de Vidal (reunión PIALI-KIWANIS- MIDES y la Biblioteca Nacional).
Fue un placer escucharla, pero me aterra comprobar que el alerta original que Charles Perrault dio hace siglos a sus hijos todavía es válido; porque los lobos disfrazados pululan en pandillas por todos los países.
En la literatura infantil la interrogante persiste... si la amamos, ¿cómo y con qué armamos a Caperucita para que se defienda?