Los recuerdo como si fuera ayer.
Allí estaban con sus caritas empapadas de sudor, tras recoger decenas de latas de soda y cerveza y acumularlas en una bolsa que apenas podrían arrastrar.
Pequeños, sonrientes y de miradas encantadoras, me pidieron una foto, que no solo quedó en el "chip" de la cámara digital, sino en mi mente y corazón.
Jamás les olvidaré, al fondo el tablero de anotaciones había perdido la noción del juego y alumbraba alocadamente el terreno. Dos hermanos, abrazados, con más amor que el que suele existir, trabajando juntos, mirando la luz roja y brillante que les apuntaba de una cámara digital.
El béisbol y el amor pueden darte sorpresas y también darte ejemplos.
Hoy, revivimos la imagen de aquellos pequeños del béisbol, llenos de ilusiones que tras cada juego en el Kenny Serracín se dedican a recoger latas.
En el día del amor y la amistad, un abrazo a los dos, desde esta tribuna y un mensaje de fe y esperanza.
¡Viva el béisbol!