MUY POCOS podían imaginarse, tal vez sólo los propios jugadores, que el mismo equipo de los Cardenales de San Luis que disputó las dos últimas semanas de la temporada regular iba a convertirse en octubre en el nuevo campeón de la Serie Mundial.
Una vez más el "Espíritu de San Luis", el equipo que había ganado nueve títulos de la Serie Mundial, volvió a surgir y se olvidaron de las derrotas que sufrieron en 1985 y 1987.
Sin embargo, la imagen que dieron los Cardenales en la recta final de la temporada regular fue la de un equipo sin capacidad para ganar y reaccionar ante la presión de luchar por el título de la División Central de la Liga Nacional y al final sólo con la ayuda de los Bravos de Atlanta, que ganaron a los Astros de Houston, les salvó.
Los expertos comenzaron a equivocarse, los Cardenales con un gran pitcheo encabezado por Chris Carpenter, Jeff Suppan y Jeff Weaver volvieron a eliminar a los Padres por 3-1.
El triunfo conseguido ante los Padres no les sirvió para convencer a los escépticos del resurgir de los Cardenales y de nuevo lo dieron como perdedores ante los Mets de Nueva York.
Pero los pronósticos tampoco se cumplieron porque los Cardenales supieron reaccionar en los momentos decisivos y llevaron la serie hasta el séptimo y decisivo partido a disputarse en el Shea Stadium, donde surgió la figura del receptor boricua Yadier Molina para pegar jonrón de dos carreras que decidió la gran victoria del equipo de San Luis.
Nueva sorpresa y frustración para los sabios de los pronósticos que tuvieron que comenzar a hacer los análisis más serios y objetivos de lo que verdaderamente estaban aportando los Cardenales en el diamante.
La Russa y los jugadores de los Cardenales seguían con la humildad de los que no son favoritos y se limitaban a decir que la concentración y salir hacer bien las cosas en cada partido era la clave de los triunfos.
La respuesta era la correcta, los Cardenales no tenían presión salieron a jugar cada partido a hacer bien las cosas sencillas y con consistencia y ahí estuvo la diferencia que los llevó a disputar la decimosexta serie mundial de su historia.
Los Cardenales aceptaron de nuevo el reto y salieron con la humildad de no ser los favoritos, sin descanso, pero más mentalizados que nunca que podían seguir haciendo bien las cosas.
La respuesta fue un golpe de efecto al llegar al Comerica Park de Detroit para ganar de manera contundente por un 7-2 y en casa salieron airosos en sus tres compromisos. Fue la tercera Serie Mundial en los últimos 20 años con al menos un partido aplazado por causa de la lluvia.