Deportes

Castíguelos para que lo respeten


La hípica es un asunto tan complejo que si no se amalgaman bien sus componentes, es fácil de caer en el letargo.

En otras oportunidades hemos hablado sobre la competencia, el reglamento, la calidad de la población caballar, los jinetes, los entrenadores y la seguridad. Hoy nos interesa abordar un factor clave para la buena marcha de cualquier negocio: el servicio al cliente.

Esa es la pata por la que más cojea el hipódromo y que permite que la competencia -que ya hemos dicho es mucha- le tome ventaja.

 

Por ejemplo, dentro del mismo hipódromo opera un sistema bicéfalo en el que desde edificio central a la tribuna principal manda la administración, mientras que en las áreas colindantes y el estacionamiento familiar impera la ley de los concesionarios que en nada, o muy poco, velan por proteger la razón de ser del hipódromo que es el espectáculo hípico, entonces es fácil adivinar el resultado.

Ahora todos están felices flotando en la burbuja del acumulado del 5 y 6, pero eventualmente regresaremos a la realidad de que el hipódromo necesita revitalizarse, volver a sus orígenes (sin empantanarse en el pasado) y comprometerse con sus clientes.

Las reglas del juego no pueden ser dictadas por quienes van por la música estridente y bailoteo procaz, ni por quienes piensan que los hípicos (los apostadores) son gentes de segunda categoría. Es tiempo de que la administración se ponga los pantalones y les haga ver que en este negocio mandan los que ponen la plata.

 

Los concesionarios, los que atienden en las ventanillas y los que malamente regulan el espectáculo son accesorios, son movibles; lo único permanente es la hípica y los hípicos y por ellos es que debemos velar.

A los hípicos un consejo: si usted va a un lugar y no lo atienden bien, váyase, castíguelos para que lo respeten.


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715010
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América