Carlos Castillo, presidente de la Federación Panameña de Natación (FPN), mintió al asegurar, durante todo este tiempo, que la participación de Edgar Crespo y Diego Castillo, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, era segura.
Recuerdo perfectamente cuando este servidor le cuestionó a Castillo que las marcas invitacionales, que poseen Crespo y su hijo Diego, no daban la clasificación automática a Londres, pero el jefe de la FPN ripostó aseverando que no me preocupara, que no había problema, que la natación panameña estaría en Londres.
Lo cierto es que Castillo ha cambiado el discurso, y de la “seguridad” ha pasado a la “inseguridad” de que la FINA envíe las invitaciones. Ojalá lleguen las confirmaciones (aunque el miércoles vencía el plazo), porque no quiero ni imaginarme el nivel de frustración que --por culpa de usted-- tendrán los atletas de marras.
El jerarca de la natación criolla pudo haber evitado la situación de zozobra actual si hubiese optado por la vía de la “universalidad”, que le aseguraba a Panamá, por lo menos, la participación de Crespo en Londres.
Pero la razón por la que Carlos Castillo decidió arriesgarse a optar por el mecanismo de “invitaciones” de la FINA --hay que decirlo-- es porque la “universalidad” habría supuesto descartar a su hijo Diego de la cita olímpica, ya que --y él lo sabe-- Crespo lo supera en méritos.
¿Tendrá idea Carlos Castillo del daño que le ha ocasionado a la natación y, especialmente, a su propio vástago? Ha sido usted un irresponsable al asegurar como cierto algo que, de antemano, sabía que podría existir el riesgo de no concretarse. Le faltó sinceridad consigo mismo, con los patrocinadores, con la prensa deportiva, con su familia, con Panamá. Si desde un inicio se hubiese apegado al principio de la sinceridad, no estuviera envuelto en esta encrucijada moral. Y como siempre he dicho, es la de tipo moral la peor de todas las miserias.
Lo invito a que reflexione lo actuado. Ha sido suficiente. Creo que debe, de una buena vez, irse y dejar este deporte en paz.