La tercera visita de Fidel Castro durante el gobierno de Hugo Chávez no sólo dejará una estela de tinte revolucionario que ambos mandatarios parecen querer estampar al panorama político latinoamericano, donde la pobreza y nubes de crisis económicas que soplan de la Argentina hacia el norte, acechan con desarticular la política del libre mercado y la democracia liberal.
Por un lado, al acogerse a la invitación de cumplir sus 75 años hoy en Venezuela en vez de pasar esta importante fecha en el seno de su pueblo, el líder cubano evidentemente ha decidido premiar de una manera muy especial los gestos de amistad e identificación ideológica que Chávez ha demostrado hacia la revolución cubana y su persona.
Es cierto que en Venezuela Castro recibirá la condecoración de la Orden de la Angostura, que concede el Estado de Bolívar, y que para el líder cubano podría simbolizar un retorno a los ideales más naturales a las visiones latinoamericanas de Simón Bolívar y José Martí que las alianzas con la Unión Soviética que forjó durante la Guerra Fría.
RELACION ESPECIAL CON VENEZUELA
Tampoco Chávez es el primer venezolano que se expresa solidario con la revolución cubana. En enero de 1959, a pocos días del triunfo de la revolución cubana, Castro realiza un viaje a Caracas para agradecer al gobierno del almirante Wolfgang Larrazabal, que acababa de destituir la tiranía del general Pérez Jiménez, por el apoyo que otorgó a la lucha contra Batista.y también para proclamar su nacionalismo latinoamericano.
¿MOTIVO DE SALUD?
Por otro lado, puede también haber otra razón por el súbito viaje de Castro a Caracas, y esta quizás tenga que ver con su estado de salud. Es cierto que a pesar del desmayo que sufrió el pasado 23 de junio, mientras pronunciaba un discurso ante una multitud a pleno sol, no tardó en recobrar su equilibrio y terminar su alocución. Los rumores crónicos de enfermedades fatales que el exilio asegura acabarán pronto con Castro, no parecen tener fundamento.
Desde La Habana informa Mauricio Vincent, el veterano corresponsal del periódico madrileño "El País" que desde ese breve desvanecimiento, "Castro ha aparecido en público en numerosas ocasiones y ha pronunciado discursos de varias horas sin mostrar cansancio".
Pero Vincent añade: "Otra cosa son los lapsus y confusiones que recientemente ha tenido durante sus alocuciones kilométricas" y a continuación cita a un médico cubano que dice "Castro ha traspapelado hojas de discursos y repite lo mismo día tras día de forma obsesiva, pero aún así hacer un diagnóstico de su salud mental es muy difícil".
A personas que han conocido a Castro precisamente desde 1959, como este corresponsal, llamó la atención que a su llegada a Caracas el sábado, el líder cubano, connotado por su fácil retórica, leyó, con alguna dificultad, un breve saludo de apenas dos o tres minutos.
La escena recordaba a su intervención en la Cumbre Iberoamericana en Panamá el pasado noviembre, cuando en un airado intercambio con el presidente de El Salvador, Castro al comienzo lucía fatigado y acezante pero cuando comenzó a hablar recuperó la energía y el fuego de su oratoria.