Las investigaciones en la rama de la ciencia médica sorprenden cada día. Lo que ayer considerábamos como bueno hoy no lo es y lo que creíamos imposible, tampoco.
La semana pasada saltó al debate público los posibles efectos, sobre la diabetes tipo 2, de los medicamentos utilizados para regular los niveles del colesterol malo en la sangre.
Un nuevo estudio apunta a que el uso de las estatinas, fármaco altamente valorado por sus efectos para reducir el colesterol y accidentes cardiovasculares, estaría relacionado con un riesgo casi 50% mayor de desarrollar diabetes.
El resultado de la investigación de esta píldora, recetada a personas que no logran niveles adecuados de colesterol con dieta saludable y ejercicio, crea una alerta sobre qué hacer o qué decidir.
Igual ha ocurrido con las aspirinas, cuyas bondades conocidas para reducir el riesgo de infartos contrasta con los efectos de producir hemorragias estomacales y cerebrales.
También con los fármacos para la consumación plena del acto sexual, y con aquellos para vencer la ansiedad, depresión o el apetito.
Tomar la decisión en cada caso requiere más que ingerir una tableta o cápsula. Es un acto de responsabilidad para con nuestro cuerpo y salud. De vigilancia, de alerta, de ver efectos y resultados y no seguir a ciegas el cumplimiento de una receta médica.
Este es el mensaje de los recientes estudios. Hay que ser más sensatos, no meternos como en una bolsa, sino analizar conforme a nuestro caso.
Así como sabemos cuál es el último dispositivo y su aplicación, así debemos saber qué estamos tomando y sus efectos-beneficios.
Me convenzo cada vez más de que parte de la vida entra y sale por nuestra boca. Los años me han permitido ver que los moderados viven más y mejor.
No nos dejemos cautivar por todo lo que se nos presenta como bueno ante nuestros ojos.