De los suburbios de la ciudad de David, provincia de Chiriquí, en la barriada El Alba, para ser precisos. Sitio que, realmente es el crepúsculo del Valle de la Luna. Cosas insólitas suceden allí. Gentes que le arrancan migajas a la vida, tratando de sobrevivir. Personas que rellenan charcos, para luego tratar de edificar. Ventas improvisadas de toda índole. Balaceras, muertos; zona roja. De allí emergió cierto día, y no por casualidad, una niña de doce años; soñando con la gloria, las guirnaldas y la corona de olivos.
De allí surge la primera campeona mundial de Panamá en la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Chantal Martínez.
Momentos mágicos.
Era un día común en casa de doña Maricela. Los chicos yacían en la escuela. Su esposo en la calle, por si alguien quisiese contratarle, y ella sentada en el zaguán, luego de haber cocido una enorme olla de tamales que vendería al día siguiente. Casi anochecía. Un hombre irrumpe en su patio. “¡Es el entrenador de boxeo del barrio!”, dijo al reconocerle. “¿Qué querrá?”, se preguntó. El hombre le propuso una pelea de exhibición a tres vueltas, en la cartilla del 14 de septiembre de 2006; cita a la que ella nunca asistió, sino su hija Chantal, quien solo tenía 12 años y jamás había boxeado.
Luego de esa exhibición, que representaron 30 dólares para la núbil deportista, sus sueños de triunfo y la puerta hacia la victoria; mejor dicho, la posibilidad de brindarle una mejor condición de vida a su familia, se desveló ante sus ojos.
Orlando “El Sastre” Aguirre, su primer entrenador y quien la descubre, recuerda ese día como si fuese ayer. Lunes por la tarde, casi empezaba a llover; sin embargo, Chantal se presentó en su casa, y al preguntarle si iban a entrenar, quedó pasmado, recordó.
“Por mi cabeza nunca pasó entrenar a una dama, pero desde ese día, entrenábamos tres horas diarias. Este es un deporte muy duro. Creí que luego de esa exhibición no querría saber más nada de los guantes”, dijo Aguirre. “Para mi dicha, me equivoqué”.
“La Fiera” es de esos especímenes raros. Atletas dedicados a sus entrenamientos, a su familia y su trabajo, que es boxear. Cuando un atleta es bueno, solo necesita un poco de apoyo, señaló “El Sastre”.
Carrera aficionada.
La boxeadora chiricana cosechó 36 victorias en tres años como boxeadora aficionada. Jamás saboreó las hieles de la derrota, señaló Alexander Sánchez, presidente de la Comisión de Boxeo Profesional de Chiriquí.
“Yo jamás pensé ver a mi hija convertida en campeona del mundo”, dijo con lágrimas en los ojos Maricela Rodríguez, quien es la madre de Chantal.
Recuerda que Chantal, cada día que salía para la escuela, llevaba consigo su indumentaria para entrenar. Agregó que, a pesar de las limitaciones económicas, siempre le brindaron el apoyo moral a su hija en todas sus presentaciones, debido a que “la vía económica estaba limitada”, expresó la madre.
“La Fiera” se vio forzada a dejar sus estudios diurnos, debido a disposiciones del plantel al que asistía.
Según Julio César Martínez, su padre, cada vez que algún niño agredía a sus hermanitos, Chantal salía en su defensa.
“Ella siempre ha jugado un papel protector, para con sus hermanos y su familia”, dijo Julio César sonriendo.
Chantal es la segunda en orden decreciente de cuatro hermanos.
El salto al profesionalismo.
En el 2006, a los 15 años, la naciente boxeadora estaba ingresando al primer ciclo nocturno y al tiempo ascendiendo a la rama profesional en el boxeo.
Por razones que no explicaron sus padres -se entiende por el tiempo que demandaba su preparación física-, abandonó lo académico para dedicarse al boxeo.
El 15 de julio de 2006 inicia con nubarrones negros su carrera profesional. En un combate que tuvo lugar en el Municipal de Antón, cayó por decisión unánime en tres asaltos ante Carolina Álvarez, de Venezuela.
Cinco meses después -29 de diciembre- obtiene la revancha, pero los hechos no la favorecieron; por el contrario, empeoraron. Fue exterminada en el mismo primer asalto. El panorama parecía lúgubre, pero “La Fiera” nunca apartó la mirada de la meta.
El 25 de abril del 2007 obtuvo la primera victoria en su carrera profesional, a costa de Juseth Araúz, en el Centro de Convenciones Atlapa.
Según la propia Chantal, la pelea más difícil de su carrera fue la que desarrolló ante la mexicana Irma Sánchez. ¿La razón? Tuvo que hacer 115 libras, por lo que tuvo que exigirse más de lo habitual. En esta justa, Alexander Araúz, apoderado de “La Fiera”, catalogó de inexplicable que después de 11 fragorosos asaltos, en los que la su pupila llevó la mejor parte, recibiera un fallo desfavorable por parte de los jueces en México.
De esta manera, entre victorias y derrotas, más de las primeras que las segundas, su carrera fue tomando cuerpo hasta conquistar el título del mundo el pasado 2 de abril del año en curso. Pleito en que venció por los puntos a la experimentada boxeadora trinitense Lisa Brown, constituyéndose en la monarca supergallo (122 libras) de la AMB.
El presente.
A sus 20 años, Chantal entrena en el Gimnasio Pedro “Rockero” Alcázar, en Curundú, ubicado a unos 450 kilómetros de su familia. Sin embargo, a pesar de la distancia, no ha perdido contacto con sus seres queridos en la provincia de Chiriquí.
“Todos los días estamos en contacto; si yo no la llamo, ella, lo hace”, dijo la madre de la campeona.
Hoy, luego de varios años de esfuerzo, sacrificio y dedicación, las calles de aquella niña, hoy mujer, se allanan ante su paso arrollador. En el lugar donde existió una vieja casa de tablas ha construido una casa modesta, pero cómoda para que su familia habite tranquila. En lo académico se encamina a retomar sus estudios. Por supuesto, en lo profesional, se acerca la fecha de su primera defensa, que realizará en los terrenos de la Feria Internacional de David, el próximo 2 de julio.
Ejemplo a seguir.
Chantal Martínez, la atleta, la hija y hermana, la persona. Ella nos da una lección de vida. Demostrando de esta manera que la pobreza y los diversos obstáculos no son excusas para delinquir. Es que la vida es como una pelea de boxeo, en la que solo los valientes, aquellos con garra, se levantan de las más aparatosas caídas que nos propina la vida. Chantal ha sabido capear todos los temporales, y es por ello que hoy es la campeona mundial de boxeo.