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Chávez y el lechero


El señor Chávez acaba de entrar en las libertades públicas como un elefante en una cacharrería. Es su estilo. Ahora resulta que protestar en las calles es sinónimo de crimen, o sea, que expresar tu descontento entra dentro del delito de rebelión civil.

También propone castigar a los medios de comunicación que provoquen zozobra y odio, es decir, que no pasen por el aro. A su vez, ha estrangulado la educación para fundar la nueva conciencia socialista en la población. Desde hace ya tiempo en Venezuela, se están repintando las ideas que provocaron los más espantosos y sangrientos regímenes, se revisita un manual del pequeño dictador escrito por Mao, Hitler, Fidel, Pinochet, Stalin… que pasa de mano de mano y cuyas etapas progresivas son fáciles de diagnosticar. Promesas de paraísos imaginarios, búsquedas de enemigos exteriores, vulneración del principio de separación de poderes, populismo autoritario, caóticos cócteles de citas revolucionarias, perpetuación en el poder, utilización orwelliana del lenguaje, escalada armamentística… Más antiguo que andar de pie, se lo aseguro.

Paulatinamente, el repertorio de libertades esenciales, la civil, la personal, la familiar, la política, la local, la internacional… esa libertad que no es la del individuo frente a los demás, sino que se realiza con y a través de ellos, va diluyéndose. Quien crea que este espíritu iluminado, este salvador de la patria, este nuevo mesías, este, a la postre, embrión de dictador, no va con él, es que tiene en muy poco aprecio su vida. El señor Chávez ya está a punto de completar un ciclo que las ciencias sociales han estudiado hasta la saciedad, esa personalidad autoritaria que provoca la sumisión individual en un determinado grupo social, hasta que termina por imponer como normales unas reglas que en otro contexto serían aberrantes. Como obligar a los judíos a llevar estrellas amarillas. Como hacer una revolución cultural y quemar a Dostoievski, a Thomas Mann, a Kafka. Como no permitir el legítimo derecho de un pueblo a expresar su disensión. ¿Creen que exagero? Ni un ápice. A este paso queda ya muy poco para que comience el tiro al blanco por las calles, los vuelos del terror desde los que se lanzan ciudadanos al mar, esa llamada en su puerta a las cinco de la mañana, y como decía Winston Churchill, tengan por seguro que no va a ser el lechero.

 

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483372
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América