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Chifladocon genio adentro

Al final, se le cruzaron definitivamente los cables y se retiró de los escenarios a los 32 años, para dedicarse, exclusivamente, a grabar discos y a pasear por su hermosa Toronto.


Uno de mi personajes preferidos es Glenn Gould, porque abarca un amplio espectro de definiciones, pequeño burgués, genio, chota total, extremista, diletante, excéntrico, errático…

Este pianista irrepetible es como una especie de casino en forma de pirámide del antiguo Egipto, una versión "kitsch" y excesiva del talento. Víctima del síndrome de Asperger, una variante del autismo en la que confluyen una sensibilidad extraordinaria para los estímulos sensoriales con actitudes obsesivas y fobias sociales. Glen Gould, el controvertido Glen Gould, recibía regalos de su madre no para que estudiase más, sino para que dejase de tocar el piano a todas horas. ¿Van cogiendo el tono de mi historia?

Como buen fanático, al verse limitado a un carril angosto, su música corría con furia en todas las excepcionales grabaciones que realizó, entre las que destacan las dos disímiles que ejecutó de las Variaciones Golberg, de Bach, una en 1982, lentísima, y otra en 1995, que se han erigido en hitos de la historia del sonido en vinilo.

 

Provocador, irónico, estrafalario, brillante, obsesivo, era capaz de renegar de Chopin y al mismo tiempo oír música ratonera; tocaba sobre una silla paticorta y desvencijada, encorvado y con los ojos a ras de teclado, en una posición tan inverosímil que parecía irreconciliable con la posibilidad de sacar alguna nota a derechas; canturreaba desquiciadamente y se retorcía con exageración mientras interpretaba el santoral de la música clásica; tenía un aspecto desaliñado, ido… y, aún así, resulta innegable el encanto, la extrañeza, esa virtud para alcanzar eso que los griegos llaman el límite, donde algo comienza a estar presente. Ese algo lo que hace es completarnos, perfeccionarnos, consolarnos, y podemos encontrarlo en un lugar, en un libro, en otra persona, en el trabajo, o en este caso, en la música.

Al final se le cruzaron definitivamente los cables y se retiró de los escenarios a los 32 años, para dedicarse exclusivamente a grabar discos y a pasear por su hermosa Toronto. En su retiro vivió solo con sus fobias y manías, un perro, su adicción a las pastillas, oyendo durante horas una radio que le fascinaba, y abrigado siempre como si tuviese un frío polar, incluso en el más tórrido verano.

La única concesión al exterior la hacía a través de su piano y manteniendo larguísimas conversaciones telefónicas con algunos íntimos a los que no había conocido jamás en persona. Murió a los cincuenta años de un derrame cerebral, pero a mí me gustaría dejarlo ahí, en una última imagen, tocando el piano ante un gran ventanal en envuelto en capas y capas de ropa, quiero creer que disfrutando de una extraña felicidad, inalcanzable para nosotros. ¿Un loco? Para explicar su internamiento durante cinco años en el manicomio londinense de Bethlem, en el siglo XVII, el dramaturgo inglés Nathaniel Lee resumió lo ocurrido: me llamaron loco y yo les llamé locos; y entonces, maldita sea, me ganaron por mayoría. Lo dicho.

 

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470483
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América