“En pelea de elefantes el único que sufre es el pasto”, reza un viejo y conocido adagio.
Y es lo que se viene en el tema del fútbol, una lucha de gigantes. De mastadontes que miran desde arriba las cosas y solo buscan sus intereses, al precio de los demás involucrados en el tema.
Este año es tema de elecciones la Federación de Fútbol y la piel de los federados es algo sensible, aunque no es para menos, porque sobre esa presa sobrevuela un águila de cabeza blanca que consigue, a como dé lugar, lo que se propone.
Hablar de la Federación de Fútbol de un país es tener el poder de manejar masas, y no precisamente de personas, sino de billetes verdes con la “fotito” de presidentes de los Estados Unidos, o sea, dólares, señores.
Es por eso que el problema de los estadios y otras cosas son los destellos de artillería, esos que encandilan a los seres normales, que ven al fútbol como un deporte más, donde 22 hombres en pantalón corto persiguen una pelota.
Más que esto es una batalla a muerte entre el Gobierno y los dirigentes actuales del fútbol, quienes pujan por el puesto de jerarca del fútbol nacional.
No es de extrañar que en días venideros se dé una guerra sucia e intercambio de mensajes. Por el momento, la guerra está abierta, y ya se mueven las tropas hacia el campo de batalla; un campo que tendrá las medidas de una cancha de fútbol.