Con velas y flores en mano, cientos de guatemaltecos desfilaban ayer en la cripta donde está sepultado, en las catacumbas de la Catedral Metropolitana, el obispo Juan Gerardi, asesinado brutalmente a golpes hace dos años.
Con fervor, los guatemaltecos llegaban, en forma ininterrumpida, a la tumba del llamado "mártir de la verdad", en reconocimiento a su trabajo pastoral y a su lucha en defensa de los derechos humanos, que según la Iglesia católica, lo condujo a su muerte.
En las frías catacumbas, que son abiertas sólo el Día de los Santos, el primero de noviembre, se percibía un olor a pinos y rosas, flores con que se formó la palabra "Vive" cerca de la tumba.
Una pintura de Gerardi, de cuatro metros de alto por 2,5 de ancho, fue colocada en la entrada de las catacumbas, mientras que en el interior se instaló una colección de fotografías que muestran distintos momentos de la vida del religioso.
La pintura en blanco y negro muestra al prelado con sus gruesos lentes y con la mano izquierda en el mentón.
Con lágrimas en los ojos, Catalina Yucuté se arrodilló ante la lápida de la tumba de Gerardi y oró también por su hermano Candelario, un sacerdote que fue asesinado en 1995.
"Yo conocí a monseñor Gerardi y a veces con mi hermano íbamos a comer con él, lo que es una dicha haberlo conocido porque era una persona muy humilde y muy entregada a su misión con Cristo", comentó Yucuté a la