Hoy cierro el telón imaginario del año 2007 y no me quejo. Aunque parezca lo contrario, mi pasión por la hípica se mantiene intacta. Tuve algunas satisfacciones, como por ejemplo, el haber sido autor de uno de los reportajes más sonados en el ámbito hípico; acerté ganadores a dos manos y, sobre todo, afine mi sentido de la justicia y mi capacidad para actuar con equilibrio, en mi función de representante de los apostadores ante la Comisión Nacional de Carreras.
En este 2007, que hoy se acaba, también me encontré con algunas piedras en el camino. Pidieron mi cabeza, pero lo que obtuvieron a cambio fue que se fortaleciera mi espíritu. Gracias a Dios la trayectoria de seriedad y compromiso que me he forjado, hablaron por mí.
Ahora miro hacia mañana -el otro año- cuando espero que la hípica finalmente tome el paso ganador y se dirija a las metas de la superación, de la credibilidad y la bonanza que todos los que dependen directamente de ella añoran.
Espero que un panameño se gane el Derby de Kentucky, ruego a Dios que algún amigo mío se lleve el 5 y 6, confío en que en el 2008 haremos un mejor papel en la Serie Hípica del Caribe y espero que los jinetes monten con más cuidado para salvaguardar sus vidas y proteger la inversión de los dueños de caballos.
Pero lo que me hará más feliz en el 2008 es que paren los casos positivos por el uso de sustancias prohibidas en los equinos y, que de una vez por todas desaparezca la hipocresía, y los entrenadores, además de los interesados en este tema, se dispongan a realizar las modificaciones necesarias al Reglamento de Carreras.