Jacques Rogge, un cirujano y yatista (capitán de yate) de reputación impecable y notorio por su empeñosa búsqueda de consensos, fue electo ayer lunes para suceder a Juan Antonio Samaranch como presidente del Comité Olímpico Internacional.
Los delegados del COI escogieron por amplia mayoría al candidato belga para el cargo más importante en el deporte internacional, en la segunda de cuatro posibles ruedas de votaciones secretas.
Rogge derrotó al surcoreano Kim Un-yong, el canadiense Dick Pound, el húngaro Pal Schmitt y la estadounidense Anita DeFranz, quien quedó eliminada en la primera rueda. En la rueda final, los 59 votos para Rogge -tres más de los necesarios-, duplicaron con creces los de su escolta Kim, quien recibió 23.Pound tuvo 22 y Schmitt 6.
Rogge, octavo presidente del COI y séptimo de Europa, ha prometido intensificar la lucha contra las drogas en el deporte y desea reducir la magnitud de los Juegos Olímpicos aduciendo que han incurrido en un excesivo comercialismo en detrimento de su aspecto humano. El nuevo presidente no se vio afectado por el escándalo de incentivos que empañó la exitosa campaña de Salt Lake City para conseguir los Juegos de Invierno del 2002.
Miembro del COI desde 1991, fue elogiado por su coordinación de los exitosos Juegos de Sydney del 2000 y por contbuir a enderezar los esfuerzos de organización para los Juegos de Atenas del 2004 que empezaban a correr peligro de no llegar a tiempo.
"Es un momento importante en mi vida y una gran responsabilidad, no solamente para conducir el COI sino para suceder a Juan Antonio Samaranch, quien ha llevado el movimiento olímpico a una posición de fuerza", dijo Rogge en la Sala de las Columnas de Moscú.
"Dedicaré los próximos ocho años a la promoción del movimiento olímpico y el COI", agregó. Rogge, tres veces navegante olímpico en el yatismo de la clase Finn, dijo que quería iniciar sus nuevas responsabilidades "mañana (hoy) mismo". Aclaró que su primera prioridad será asegurar el éxito de las olimpíadas de invierno de Salt Lake City.