ara muchos de los que moran en nuestras ciudades principales es como adquirir una neurosis. Cierto o no, lo que sí es una realidad que la calidad de vida en las urbes importantes de nuestro País desmejoró en los últimos lustros. Es un martirio conducir un automóvil particular o viajar en lo que llaman buses colectivos públicos. Un carro compite con el resto de estas máquinas y pareciese que existe una erosión destructiva de ellos sobre nuestras ciudades. Las vías, que generalmente se inundan cuando llueve, se construyen para los automóviles, sin ninguna consideración o acomodo para los peatones (gentes), especialmente los niños. Y resalta la carencia de avenidas, bulevares y alamedas arboladas, con sus aceras para caminar y pasear (allés). Y como en los suburbios, el consumo de la gasolina es exorbitante. Sume esto a las expulsiones de gas de las chimeneas industriales y el resultado es smog nocivo.
El suministro de agua potable y electricidad no es eficiente. En cuanto a la primera, no se tiene un plan para el aumento de la capacidad de la red o infraestructura de distribución en la capital y en la actualidad somos testigos de la construcción de un número considerable de edificios de alta densidad. No hay que hacer un gran esfuerzo mental para vislumbrar que la escasez de agua alcanzará dimensiones graves y serias en el futuro cercano. Además, con las edificaciones de las estructuras que hemos mencionado, aumentas aquellos "adornos" que cuelgan de los postes. No referimos a los cables de electricidad que afean las ciudades.
Y así podemos continuar señalando otras taras urbanas que no existían hace cincuenta años o se percibían de manera tangencial. Hasta la desaparición de los espacios abiertos públicos es notoria. En la ciudad de Panamá se ubicaba un campo de juegos con el nombre Barraza y que era utilizado por los pobladores de corregimiento más humilde (Chorrillo). En la década de los años setentas del siglo pasado, se decidió eliminarlo y construir sobre dicha área edificios de apartamentos para supuestas familias de bajos recursos, pero al fin de cuentas se convirtieron en guarida de delincuentes comunes y sede para todo tipos de vicios.
Por cierto, los nuevos edificios que se erigen no mantienen una relación entre ellos ni tampoco con las calles en donde se localizan, y substituyen, desafortunadamente, lo que era el vecindario o comunidad.
Irónico pensar que hace algunas décadas a la ciudad de Panamá se le llamaba la "TACITA DE ORO" por su limpieza y lo agradable de vivir en ella (se barrían sus calles dos veces al día hasta 1955). En la actualidad, no se puede señalar, de manera concluyente, el origen de la fetidez que se percibe ocasionalmente en el distrito capital.
No estoy seguro que los arquitectos planificadores, y mucho menos si son extranjeros, conozcan o les interesa saber o enterarse de cómo es la naturaleza del comportamiento de nuestros compatriotas en nuestras ciudades. Menos aún, las aspiraciones y deseos de ellos en lo que se refiere a su hábitat y el entorno. Y en esta actitud de los profesionales planificadores participan o tienen parte los financistas y los promotores que los acompañan en las rehabilitaciones o regeneraciones urbanas.
Comento y explico un caso que prueba lo anterior: lo ocurrido, en 1990, en el barrio El Chorrillo (siempre se agobia a los pobres), ubicado en la ciudad de Panamá.
Se cometió el error y desatino, que destruido el barrio El Chorrillo, con motivo de la invasión a Panamá por los norteamericanos (1989), copiamos, en su reconstrucción, la original barriada, con todas sus debilidades y macas. Solamente que en esta ocasión la construyeron de bloques en vez de madera y no se consultaron las aspiraciones de los residentes. Se inició un círculo vicioso que termina como un sector urbano con tugurios, similares a los que existían antes en el lugar.
No queremos implicar que somos contrarios a la planificación urbana o a sus teóricos. Nuestra posición es una crítica a las interpretaciones ortodoxas de los planteamientos con tintes paternalistas para la solución de problemas urbanos que nuestras ciudades rechazan por extraños o incompatibles.
En otro aspecto, lo que llamamos zonificación (que no es otra cosa que un conjunto de leyes y acuerdos) contribuye a la confusión urbana que respiramos. Este instrumento legal suplanta a la tradición, el sentido común, y a las reglas generales que no guiaban. Por siglos, las ciudades en nuestro mundo crecieron sin el mecanismo y aplicación de lo que en la actualidad llamamos o señalamos como zonificación. En el camino, si hay un buen negocio o dinero, esta última se viola regularmente. O dicho de otra manera, y como analizaba un insigne pensador panameño ya fallecido, "lo que se dispone hoy mañana se deroga, y la más leve presión ablanda obstáculos que tienen menos fortaleza que un valladar de palmas secas".
De manera acentuada las ordenanzas de zonificación son hostiles a las gentes. V. Gr. Separan las áreas comerciales de las residenciales, además de que ubican los almacenes y negocios detrás de enormes playas de estacionamientos de carros.
Obligados estamos a entender que las ciudades son organismos con vida y como tales evolucionan y crecen de manera natural. Como pruebas de esto lo son la Avenida Central y la Nacional, y la calle Luis Felipe Clement (Frangipani), en la ciudad de Panamá.
Justo nos parece que aludamos, en este punto, a un malestar en las ciudades de nuestro País que es difícil eliminar. Nos referimos a que el éxodo de la población de la ciudad hacia su periferia tiene su contraparte. Hablamos del movimiento de los habitantes de las áreas rurales hacia las ciudades en busca de un shangrilá de oportunidades .
Y como esta emigración es de una magnitud imprevisible en un momento específico, sorprende a nuestras comunidades inadvertidas, con una secuela de conflictos adicionales que se suman a los ya existentes problemas urbanos que hemos dibujado.
Con el arribo de estos nuevos vecinos, que no son diestros en ningún oficio, aumenta rápidamente la cantidad de habitantes en nuestras ciudades, resultando e incidiendo en que se cope la infraestructura existente más allá de su capacidad prevista, y como consecuencia, crecen las situaciones anti-sanitarias de salud, de crimen, viviendas informales, invasiones de fincas ( públicas y privadas ). Estos recientes moradores no pueden esperar soluciones planificadas.
También es apropiado subrayar que desde hace aproximadamente cincuenta años, nuestros gobiernos nacionales hacen intentos para desalentar las emigraciones internas con acciones y propuestas como el establecimiento de universidades en lo que llamamos el interior de la República y el otorgamiento de indulgencias arancelarias a las industrias ubicadas en esas regiones.
Nuestras intenciones en este ejercicio o examen que se lee no son aludir, como una letanía, a un rosario de observaciones sobre las atribulaciones que tienen nuestras ciudades, y que después de todo son ciertas. Única y solamente son reflexiones, especialmente sobre mi ciudad de Panamá, a la que conozco desde hace más de cincuenta años. Recalco que estas indisposiciones urbanas, relativamente nuevas, pareciesen casi incorregibles. Por otro lado, hay facetas excelentes en nuestras comunidades, especialmente sus gentes, es decir mis compatriotas.
Ya en la Introducción observé que las lesiones y aflicciones urbanas no son exclusivas en la República de Panamá. Éstas también aparecen y atribulan a las ciudades importantes de todos los países de la región, cuyos crecimientos de población, sin precedentes, son vertiginosos, explosivos, y, en su mayoría, incontrolables.
Para demostrar la anterior aseveración indico que en Latinoamérica, con más de cuatrocientos años de crecimiento urbano, en el año 1990, se averiguó que, en este hemisferio de los idiomas español y portugués, dos ciudades estaban entre las cinco más pobladas del mundo y ocho entre las primeras cincuenta. Las llamadas mega ciudades. Además, existen 36 ciudades que sobrepasan el millón de habitantes. Como consecuencia aparecen presiones sociales, económicas y ambientales sobre los centros urbanos, no conocidas con anterioridad. Esto se traduce en el cambio de los patrones de consumo, expansión de las actividades comerciales y de servicios de infraestructura, y el deterioro del medio ambiente. Inclusive el surgimiento de manera notoria de las actividades informales que se llevan a cabo en las calles, y que compiten con las actividades comerciales formales, convirtiéndose en una lesión física adicional a las áreas públicas, ya de por sí congestionada.
La realidad es que las decisiones adecuadas y las inversiones públicas y privadas no alcanzan la velocidad con que se recrudecen los problemas y enfermedades de nuestras ciudades, y menciono como ejemplos los muy divulgados casos de Chalco y Naza de la ciudad de México y sus condiciones lamentables y penosas a que han llegado. Sin embargo, apropiado es reconocer que en algunas ubicaciones de Latinoamérica se han logrado remedios de corta duración, pero las políticas urbanas sostenidas (sustainability) para las ciudades y, de largo alcance, han sido pocas.
Si bien es cierto que los enfoques de estrategias urbanas aplicables a cada ciudad tienen aristas muy particulares por su idiosincrasia propia, no menos cierto es que al observar el panorama total se percibe que hemos olvidado o abandonado las enseñanzas y lecciones de Arcadia, en la antigua Grecia, de las Geórgicas de Virgilio, de las herencias de William Kent, lord Burlington, barón Haussman y Frederick Olmsted.
Todo lo anterior con el agravante adicional de que los estudiosos de nuestras ciudades, en términos generales, recuerdan más bien, entre otros, a Rousseau y a Le Corbusier y sus Plan Voison y Le Ville Radieuse.
Los pensamientos del primero contribuyeron a la destrucción de la Edad de la Ilustración para reemplazarla con la supuesta igualdad del hombre y su natural emoción. El segundo nos copó con un universo de fantasías y confusión. Y el resultado es una política del mal planeamiento y antihistórica, con connotaciones de urbanismo de tercer mundo y sus características de fracasos sociales, ámbitos plagados de delincuencia, desorden económico, y transporte publico inadecuado.
Debemos regresar a satisfacer la loable aspiración del hombre a vivir en la ciudad. Retomemos el concepto aquel que nos indica la calle y la cuadra como la unidad básica del diseño, promoviendo la vida urbana que respete los límites de la escala humana, crecimiento inteligente, e impedir la mengua de los recursos naturales a nuestra disposición. Que hacia donde uno mire encuentre un árbol con arboretums (nos dice mucho que ningún pintor plasme en un cuadro una escena exterior de la urbanización Punta Paitilla, en la ciudad de Panamá).
Parte de este deber incluye convenir a crear espacios urbanos con sus bulevares, alamedas y calles que se acompañen con aceras amplias, revestidas con diseños y dibujos armoniosos sobre ellas, luminarias, muebles, relojes públicos, plazas, parques y monumentos ( en Panamá
no se construye, en los últimos cincuenta años, un edificio o monumento público de carácter eminente y extraordinariamente excelso). Evitemos que nuestras ciudades se engorden con automóviles y que nuestras vidas cotidianas dependan de ellos.
Recordemos como modelos el vocabulario, el ritmo, la sintaxis de París, después de ciento treinta y seis años, y, más recién, Barcelona, La Ciutat Vella, con sus barrios Barceloneta, Cascantic, Gotic y Raval.
Como se ha repetido en muchas ocasiones, nosotros no tenemos que reinventar la idea de la belleza. Solamente tenemos que restaurar su atributo intelectual, y que las respuestas a los problemas urbanos sean legibles, estéticamente robustas, y organizadas. Otorguémonos y demos esperanzas.
No es que al panameño le causen disgustos las ciudades. Lo que le molesta son ciudades que fracasan como tales. Mis compatriotas desean una comunicación permanente entre las ciudades y ellos.
"Los estadounidenses se negaron a respaldarlo. Nos dijeron que no avanzáramos y que evacuáramos inmediatamente. Así que lo hicimos. Fue todo un fiasco".
Las tropas británicas y francesas se fueron de Egipto en diciembre de 1956. Eden dejó su cargo a principios del año siguiente.
Las consecuencias fueron estruendosas.
Para empezar, la crisis acaparó de tal manera la atención internacional que le permitió a la Unión Soviética aplastar brutalmente el levantamiento húngaro que ocurrió al mismo tiempo.
Pero también implicó que ni el Reino Unido ni Francia pudieron volver a actuar de manera independiente en el plano internacional.
No obstante, cada uno llegó a conclusiones diferentes.
Harold Macmillan, quien sucedió a Eden, decidió que en el futuro Londres debía aliarse con Washington. Fue muy buen amigo del presidente John F. Kennedy y hasta lo persuadió de que le permitiera al Reino Unido tener el misil nuclear Polaris.
Desde entonces, Londres ha no ha estado muy dispuesto a oponerse a las decisiones de la Casa Blanca. Incluso durante la guerra de Vietnam, el primer ministro Harold Wilson, un laborista, no permitió que se criticara a Washington al tiempo que astutamente se rehusó a mandar la fuerza simbólica que Lyndon Johnson le pidió.
Francia, por su parte, siguió su propio camino de la mano de Charles de Gaulle. Dejó en manos de la OTAN la estructura del comando militar y se dedicó a dirigir los destinos de Europa junto con el recientemente próspero Alemania.
Así como desde entonces Londres ha tendido a estar de parte de Estados Unidos, París ha tendido a estar en su contra.
Las teorías revisionistas modernas dicen que realmente quien cometió un error fue el presidente Eisenhower, pues reveló una debilidad que la Unión Soviética explotó.
Cualquiera que sea la opinión, no hay duda de que el Suez representó el final de una larga fase de la historia del imperio británico.
BP: Comenzaron conversaciones con muchos de los dueños de los edificios alrededor del área y se entusiasmaron mucho porque esto seria una gran mejora.
Semblanzas: ¿A cuánto tiempo se calcula la ejecución de esto, de qué va a depender?
AE: Bueno lo que pasa es que nosotros queremos tener dos frentes, por un lado el Plan Maestro Global que es el que nos va a guiar, si Dios quiere, las actividades.
Semblanzas: ¿El Plan Maestro es Casco Viejo, Chorrillo, Santa Ana y Calidonia?
AE: Sí correcto, pero en este caso El Chorrillo específicamente y entonces ir concretando en proyectos específicos; Plaza Amador, por ejemplo, es un proyecto específico que nos gustaría iniciar lo más pronto posible; la oficina tiene fondos para el otro año de hacer los planos iniciales de esto y un fondo semilla para hacer la obra misma, queremos ver si conseguimos algunos socios, donaciones y eso para hacer el trabajo ya completo; queremos que por lo menos Plaza Amador se inicie el próximo año; tenemos algo de fondos para ello y ya después la idea de un parque que es en el área que la Universidad de Pens State estudió inicialmente con el municipio y que tiene también algo de patrocinio para los campos de fútbol. Podemos ir impulsando ciertos proyectos pilotos, e ir implementando progresivamente la visión.