uando en abril de este año el Presidente de la República presentó al país el proyecto de ampliación del canal , varias cosas quedaron muy claras.
Primero, que la ampliación, tal y como después lo reconfirmaron los prácticos, es una obra necesaria e impostergable, porque de no efectuarse o de efectuarse en momentos posteriores, traería como consecuencia la pérdida del paso de los buques, que por los cambios en las condiciones del transporte, tienden a crecer para acomodar contenedores y otras cargas pesadas
Segundo, que la necesidad de ampliar el canal no es una idea nueva, ya que desde la década del 30, los anteriores administradores iniciaron estudios en esa dirección. En los años sesenta y setenta hubo estudios de muy alto nivel que apuntaban hacia una ampliación. No es entonces serio insistir en que el proyecto es de este o de ningún otro gobierno, porque desde hace más de setenta años se reconoció el peligro de perder la vigencia de la vía, si aumentaba el tamaño de los barcos.
Tercero, se puso a disposición de todo el pueblo, un resumen del proyecto, ya que por las 55, 000 páginas que ocupa, ni era práctico ni económicamente viable, que se pudiera repartir un ejemplar de ese tamaño a cada panameño
a. Sin embargo siempre se dijo que si alguien quería leer las cincuenta y cinco mil páginas podía muy bien hacerlo. En ese momento hubo protestas, no de los que técnicamente pueden juzgar la viabilidad del proyecto, si no de personas que se sintieron ofendidas porque los estudios estaban en inglés y pidieron la traducción del documento. Me pregunto ¿cuantos de los que protestaron lo han leído ahora en su versión al español?
Cuarto, los cálculos sobre el costo del ensanche, son exactamente eso: cálculos. En ellos se incluyen rubros para contingencias y en el costo inicial se ha previsto una serie de imponderables. Quizás lo que hoy se ha calculado sea lo que se necesite para completar la obra en los siete años previstos, pero de no hacerse ahora esos costos van a cambiar y no para disminuir. De todas formas, de quién es el canal? Los panameños/as somos los dueños y no podemos seguir esgrimiendo banderas superadas a partir de la recuperación del canal. Ahora si que no podemos culpar a nadie, sino a nosotros mismos, si por razón de nuestra propia indecisión o mala decisión perdemos una de las fuentes de ingresos más sólidas que tiene el país. De igual forma tenemos que asumir que en este, nuestro negocio principal, si fuese necesario, tendríamos que pagar un precio por su modernización. Ese costo es nuestro y de nadie más, porque si queremos seguir ufanándonos de ser los dueños del canal, no solo debemos asumir sus beneficios sino también correr con los gastos que ocasione el mantenerlo y hacerlo más rentable. A esos que cuestionan sobre los costos y traen ejemplos, traídos de los cabellos de obras que han costado más en otros lados, les preguntaría, entonces que hacemos para que no nos cueste, le echamos tierra a la zanja y la dejamos de usar?
Quinto, el tiempo para completar la obra son siete años, o sea que ni este grupo gobernante, ni el que le sigue la estarían inaugurando. ¿Por tanto, a que viene esa siembra de suspicacia y sospecha en una acción tan necesaria como es la ampliación del canal?
Personalmente creo que la ACP es una de las instituciones más serias y con mejor prestigio internacional que tiene el país. Esto no es casual ni es obra del administrador solo. Es el producto del trabajo en equipo de personal bien adiestrado, bien pagado, que cree en lo que hace y nos debe hacer sentir orgullosos. No entiendo el propósito de algunos opositores de cuestionar, nacional e internacionalmente, la credibilidad de una institución tan importante. No entiendo, ¿que ganancia secundaria hay detrás de esa campaña de desprestigio, inmerecida por cierto, de los detractores de la obra? Será que como no son parte de la ACP y ojalá que con esos planteamientos lleno de rencor y dudas, jamás lo sean, tienen que denigrar e insultar a falta de mejores recursos para sustentar su oposición.
Desde que comenzaron las negociaciones de los Tratados Torrijos - Carter hasta su firma y aún después de aprobados los tratados en el plesbicito, siempre hubo y no es casual que son los mismos, quienes no solo se opusieran a este paso, en el cual se creía que había un consenso, sino que hicieron toda clase de predicciones que nos condenaban a ser incapaces de manejar nuestro canal.
En aquel momento el país aplastó con su voto sus voces agoreras, el tiempo les probó que estaban equivocados, que SI PODEMOS ser dueños de nuestro propio destino y de tomar las mejores decisiones para nuestro país, nuestros hijos y nuestros nietos. El 22 de octubre, estoy segura, porque confío en el buen sentido de los panameños/as, volveremos a votar SI, por el progreso, por las oportunidades y por la defensa de nuestro muy bien recuperado canal.
A los que aún no se deciden les invito a sumarse al voto SI, considerando que no se han presentado otras opciones con el rigor científico de la de ACP. No he visto, leído o escuchado ninguna PROPUESTA, solamente una catarsis sobre problemas políticos, comunales o personales que no vienen al caso.
Los que votaron SI y los que se opusieron en 1977 igualmente recibieron el canal el 31 de diciembre de 1999. Los beneficios del canal SI se ven y si no lo creemos solo comparemos con el resto de la región y veremos un Panamá pujante, en pleno desarrollo y contando con la admiración de sus vecinos y de todos los que llegan a nuestro país. En el 2006 decidiremos un paso muy importante de nuestra vida nacional y se repetirá la misma historia, saldrá triunfante la mejor opción, la del voto SI.
¡Claro que somos capaces!
Desde que comenzaron las negociaciones de los Tratados Torrijos - Carter hasta su firma y aún después de aprobados los tratados en el plesbicito, siempre hubo y no es casual que son los mismos, quienes no solo se opusieran a este paso, en el cual se creía que había un consenso, sino que hicieron toda clase de predicciones que nos condenaban a ser incapaces de manejar nuestro canal.