Después de un anuncio oficial en el que se comunicó la intención de iniciar el periodo escolar antes del Carnaval, las reacciones han sido de diversa índole.Los voceros del proyecto sostienen que el propósito es permitir que los estudiantes ocupen los salones de clases más días durante el año.Aunque parece una iniciativa bien- intencionada, el tema se ha circunscrito a dos puntos. Por un lado, la inquietud por el posible cobro de un cargo extra en las escuelas particulares y, por el otro, aquello de que en tiempos recientes no se había dado la situación de que el año lectivo coincidiera con la celebración de la fiesta alusiva al dios Momo.Pero la solución no está en aumentar los días de clases, sino en propiciar jornadas más extensas. Es decir, que lo ideal sería que todos los estudiantes tuvieran jornadas diarias de siete u ocho horas, como sucede en muchos centros particulares.Obviamente que esto implicaría una mayor inversión en la construcción de escuelas y el nombramiento de más docentes a nivel nacional.Invertir los millones que se gastan para organizar el carnaval en la construcción de un par de escuelas al año, sería un decisión más coherente y con mejores resultados a largo plazo.