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Cochinos

Aún reconociendo como reconozco la inmensa belleza de Panamá me asqueo de lo impresentable de los panameños. Las autoridades son incompetentes, es cierto. Ni estas parecen tener el más mínimo interés en ponerle coto al asunto, ni lo tuvieron las anteriores.


Así. Con todas las letras. Esos es lo que son muchos de los que viven en este país. Y sí, sé que alguno habrá que trate de venirme con la monserga del insulto. Pues miren señores, si no se dan por aludidos, no se pongan el traje. Porque mantengo lo que he escrito, Panamá es hermoso, pero viendo lo que se ve, podría pensarse que todos los que viven en él son unos cerdos. Y eso, con las disculpas debidas a los miembros de la subespecie sus scrofa domestica.

Panamá es hermoso, sí. Y lo sabemos. La gente postea fotos en Facebook de guayacanes y repite hasta el hartazgo aquello de ‘bellezas de mi Panamá’. Suben fotos a Instagram con el lema ‘amaneceres que la derraman’, o ‘atardeceres que hacen saltar las lágrimas’.

Los mares panameños son los mejores del mundo. Puedo testimoniarlo, he buceado en arrecifes del Caribe y del Pacífico, asombrándome. Doy fe de la belleza de las playas, (muchas de ellas desiertas porque la gente suele preferir el ranchito de la piscina, que allí no hay arena y hay enchufe para poder conectar el plasma y ver el juego mientras pintean a gusto). Sus selvas son más selvas que ninguna de las selvas que en el mundo han sido. Puedo presumir de haber visto la belleza de la selva de verdad, de la selva darienita de primerísima mano. Caminando días y días por ella. Sus quebradas son las más accidentadas y el agua del Chagres la mejor de todo el mundo mundial y parte del extranjero. Puede que sea cierto. He recorrido cerros y he ido a Sarigua y a La Yeguada.

Aún reconociendo como reconozco la inmensa belleza de Panamá me asqueo de lo impresentable de los panameños.

La arena de las playas plagada de basura, kilos de basura, quintales de basura. Pañales sucios, tampones usados, botellas, latas, tenedores de plástico y vasos de foam. Chancletas. Las quebradas llenas de electrodomésticos y muebles viejos.

Vas por la carretera y ves a los puercos del coche de enfrente tirar la lata por la ventanilla, así, sin asco. Ves al tipejo que está comiendo en un envase de foam, mientras espera el bus en la parada, terminarlo y lanzarlo a la vereda.

Los caminos de éste país están jalonados de basura. La carretera hacia Portobelo es un despliegue de miseria porqueriológica con pequeños pataconcitos que ya se han unido para formar un solo molote de mierda.

Y la gente continúa tirando basura por doquier.

Las autoridades son incompetentes, es cierto. Ni estas parecen tener el más mínimo interés en ponerle coto al asunto, ni lo tuvieron las anteriores, ni las anteriores, ni las otras. Pero es que tampoco nosotros tenemos ni la más mínima conciencia de limpieza. Quisiera yo saber cómo tiene el guarro que tira el envase de comida para llevar a la vereda el salón de su casa. ¿También lanzará las sobras detrás del sofá?

El otro día un amigo comentaba en Twitter que en Singapur escupir un chicle en la calle conlleva una sanción, y yo me reía sola. ¿Tratamos de hacer eso en Panamá? ¿Castigamos a los que escupen? ¿A los que se suenan los mocos sin pañuelo, solo apretándose una de las aletas de la nariz y soplando con fuerza hacia afuera? ¿Encerramos a los que mean sin asco en cualquier esquina (o sin esquina, que también los hay orgullosos de sus atributos)?

Panamá es hermoso, pero los que vivimos en él somos unos puercos que no somos capaces de entender que no es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia.


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970103
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América