Era de suponer que a estas alturas del juego el sistema de "Carreras condicionales", puesto en práctica para propiciar mejores carreras, estuviera andando a toda máquina.
Al parecer, no ha sido así del todo, debido a deficiencias en la Secretaría de Carreras y a la actitud reacia de muchos hípicos que siempre se han erigido en piedras en el camino de progreso.
Insistimos en decir que el sistema de Condiciones es el que impera en todas partes y hasta donde se conoce ha funcionado, si no a la perfección, por lo menos ha dado lugar a avances tangibles en términos del espectáculo y las apuestas.
La clave está en presentar las "condiciones" con la antelación suficiente para que los dueños y entrenadores de caballos organicen su agenda. El segundo, y no menos importante, es que la secretaría de carreras respete lo que se anuncia y haga valer las condiciones por encima de cualquier criterio personal.
Tuvimos el sistema Automático, después volvimos a los Reclamos, nos montamos en el sistema de Índice y ahora estamos con las Condicionales. Pero aquí parece que no hay medicina que surta efecto, y eso no puede ser.
La empresa que administra el hipódromo tiene su cuota de responsabilidad en este asunto, toda vez que debe velar porque la Secretaría de Carreras esté en las manos más idóneas, puesto que esa es la columna vertebral de este negocio.