“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, y aplicar las so luciones equivocadas” Groucho Marx
Una fresca mañana de finales de septiembre monté en mi enllantado corcel X-Trail y llegué muy risueño al Banco Nacional, que está a sólo tres kilómetros de mi casa. Como había dejado pasar unos días el pago a jubilados, encontré mi fila con únicamente una señora y un señor, cotejos míos, esperando hacer efectivos sus cheques de jubilación. Hasta aquí, todo bien, la atención de las cajeras del banco siempre incluyen una agradable sonrisa. Saliendo, la bella señorita que está en atención a los clientes, que también reparte los talonarios de los cheques (ya que para mi deliciosa comodidad, y la de muchos otros jubilados, el cheque queda automáticamente depositado en mi cuenta del banco). me hizo señas para que me acercara, visiblemente apenada, dijo que no me entregaría los talonarios a partir de octubre. Para confirmarlo, me enseñó un cartel sobre su escritorio que rezaba:
JUBILADOS Y PENSIONADOS Favor retirar sus talomarios directamente en las Oficinas de la Caja de Seguro Social
No pude evitar esta horrible exclamación: «¡Recontra recáspita!» Tendremos que sufrir por la profunda y sabia decisión de algún alto jefe con grandes ideas renovadoras. Mire usted, que vayamos dos mil, cuatro mil o cinco mil jubilados –¡qué sé yo!– a las oficinas de la Administración (donde los carros se estacionan unos sobre otros), a bucear al funcionario que habrá de entregarnos los benditos talonarios. ¿Por qué ese delirante afán (como dice mi amiga Chin) de imponer su complicada personalidad al sistema? ¿Esconderá esa idea una genialidad más allá de mi comprensión? ¡Oh, pobre de mí y mi escasa preparación! Tal vez esa brillante idea traerá consigo enormes economías y un eficiente reparto que no entiendo. Debo confíar. Que mi edad no me haga renegar de ideas tan renovadoras.
Con toda y la confianza que deposito en el genial funcionario, tiemblo de pensar que su próxima modificación podría ser eliminar el depósito automático de cheques en el banco y que nos inviten a retirar los cheques en las deslumbrantes oficinas que instalarán en Churuquita Grande, donde podremos gozar de aire puro y de las mejores empanadas de maíz de la República. ¡A pasear jubilados! Perderé de vista a Doña Narcisa, que coincidía conmigo en el Banco buscando talonarios, talonario que, también con delirante afán, exigen sea el último en cada visita al Seguro. ¿Qué trampa traman los jubilados? Bueno, es costumbre vieja, no de la nueva Administración.