La humanidad ha sido testigo, desde principios de año a esta parte, de operaciones -una menos tácticas que otras- que dieron como resultado el derrocamiento de dictadores y la neutralización de personajes considerados amenazas para la paz en el mundo.
Esta semana, la noticia sobre la captura y muerte de Muamar al Gadafi, el dictador que mandó en Libia con mano dura y con los fusiles en ristre durante 41 años, volvió a producir el efecto de aflorar mucho de lo malo que tenemos los seres humanos y que, a pesar del salto colosal que hemos dado en términos tecnológicos, seguimos sin erradicar de nuestras mentes y corazones sentimientos y actitudes que están en el extremo contrario de la civilización.
Independientemente, de lo que haya sido Gadafi y de todo el daño que pudo causar a los suyos, resulta un espectáculo reprochable ver que, no solo sus compatriotas, sino un alto porcentaje de la humanidad, incluidos los principales líderes del mundo, nos hagan creer que el linchamiento, la ejecución sin juicio previo y la exhibición de un cadáver como trofeo, son la respuesta adecuada a nuestras diferencias y que garantizarán el reintegro de la armonía y la paz en Libia o en cualquier otro lugar donde existan grupos enfrentados.
Meses atrás, hubo celebraciones similares cuando se supo que un comando élite liquidó a Osama Bin Laden. Si miramos hacia atrás, encontraríamos muchos ejemplos similares que al final no sirvieron más que para quitar tiranos desgastados y poner en su reemplazo a un nuevo abusador o a pequeñas rocas de gente llena de odio y resentimiento, pero sin verdadera vocación democrática, lo que eventualmente los conduce a realizar las mismas prácticas que censuran antes.
Mientras las reivindicaciones de las masas tengan como epílogo actos de barbarie y estos sean aplaudidos como la mejor salida para zanjar nuestras diferencias, no tengamos duda de que tarde o temprano seremos medidos con la misma vara, porque lo que hoy es bueno para acabar con un tirano, mañana puede servir para acallar a cualquier ciudadano.
Panameño en el extranjero
Estimado Egbert, te felicito por el artículo de hoy (Sinsentido) y te doy las gracias por las palabras de elogio hacia mi trabajo. Muchos amigos que leyeron el artículo sobre el himno me enviaron sus comentarios, así que no fue en vano. Te adelanto que escribo sobre Roberto Bolaño y el realismo visceral de su novela "Los detectives salvajes". Tan pronto termine, te enviaré el trabajo para tu consideración. Un abrazo, Emiliano Pardo-Tristán
Solicitud de escritor
Hola señor Lewis: Soy un escritor principiante, me gustaría saber si puedo enviarle cuentos para ser publicados en el Panamá América, y a qué dirección debo de enviar los mismos, saludos. Robert Goodrich
Sobre Pacífico Castrellón
Excelente reportaje, muy humano y sincero, sobre todo, porque se deja claro que no siempre quienes buscan la justicia están dispuestos a darla, y es lo que pasa en nuestros países de Latinoamérica, donde campea la injusticia, la desigualdad, la falta de libertad real. Saludos y felicitaciones. Jesús López
Viene “Maga” otra vez
La más reciente edición de la revista “Maga” es un número conmemorativo de los 30 años de existencia de la UTP, se presentará el 8 de noviembre, a las 6:00 p.m., en el edificio de Postgrado, en el campus “Víctor Levi Sasso” de la UTP.
Se trata del número 69, que consta de 120 páginas y ofrece cuentos, poemas, ensayos, entrevistas y reseñas de libros de 28 autores panameños y 6 de otros países. Con diseño gráfico de Silvia Fernández-Risco, y portada e ilustraciones de Enrique Jaramillo Barnes, “Maga” es dirigida por el escritor Enrique Jaramillo Levi y es la única revista literaria de Panamá.
En este número especial colaboran: Ariel Barría Alvarado, Isabel Burgos, Moisés Pascual, Luz Lescure, Javier Alvarado, Marisín González, Claudio de Castro, Sonia Ehlers Prestán, Indira Moreno, Roberto Pérez-Franco, Ruth Sinán Domínguez, Bolívar Aparicio, Mady Miranda, Federico Rodríguez Gutiérrez, Melanie Taylor, Adalcristo Guevara, Lupita Quirós Atanasiadis, José R. Castro Montilla, Katia del Carmen Malo y Enrique Jaramillo Levi. Enrique Jaramillo Levi