Perfil
- Nació en la ciudad de Panamá, el 14 de noviembre de 1915, donde cursó estudios, pero los culminó en Oakland, California. Ingresó en el Holy Names College y obtuvo su licenciatura en Comercio. A fines de la década del 40 inició su carrera como periodista y fue miembro fundador del Sindicato de Periodistas de Panamá. Laboró como reportera en El Panamá América, La Estrella de Panamá, El País y la Revista Épocas. Dirigió por más de 10 años en Red Panamericana y Radio Programas Continentales (RPC), un programa dedicado a la niñez. El Círculo de Periodistas de México le otorgó diploma y placa de honor al mérito por su labor en pro de la niñez.
Es jocosa, ingeniosa y con mucho ánimo. Es Emelia Manuela Alemán de La Guardia, conocida en el mundo literario como Madelag y Manuelita para sus amigos. Una mujer que a la puerta de los 100 años todavía siente que pudo hacer más.
“Me siento culpable de que no he dado más todavía de mí. Uno puede dar más”, reafirma Madelag a quien al empezar la entrevista le dijimos que era un ser sinigual, pero ágilmente ripostó: “como yo hay muchos”.
El aporte de Madelag da para calificarla como tal. Su vida ha estado regida por el servicio social a los menos favorecidos, entre ellos los niños. Su pasión porque todos tengan igualdad de condiciones en obtener una formación educativa de calidad la llevó a dar un salto de la crónica social a la literatura infantil, y además aportes al sector turismo.
Ariel Barría, maestro de las letras panameñas, colega en la literatura, amigo y profesor de Manuelita en el Diplomado dice: “si hay una palabra con que me gustaría describirla sería: ADMIRABLE, así en mayúscula cerrada. Ella tiene una vitalidad que contagia, una memoria prodigiosa y una gran disposición a crecer en el oficio de escribir, porque toma consejos, escucha opiniones, comparte conocimientos y siempre está con un proyecto entre manos.
No conforme con el camino recorrido, tiene un proyecto por concluir. Está empeñada en que los cuentos que ha escrito durante siete décadas estén en poder de la niñez. Son “Los Cuentos de Madelag”, nombre de la colección de 50 que ha compilado en 8 volúmenes de 40 páginas cada uno en el proyecto Me Gusta Leer, que ha convertido en un programa social dirigido a transformar el conocimiento en sabiduría a través de la lectura. Empezó a donarlos en el 2013 a fundaciones sin fines de lucro, las que los reparten gratuitamente a miles de niños que ellas auspician.
Uno de estos cuentos, Los Simplones, representó a Panamá en el programa Latinoamérica lee, otros como Rombos, recibió mención honorífica en el Concurso Ricardo Miró.
Pero la tarea de que lleguen a la niñez no ha sido completada. De los ocho volúmenes solo ha podido imprimir tres, necesita más apoyo para que Panamá lea, y también que actúe porque debido a la sencillez del texto y a la conjunción en las palabras permite llevarlo a escena, a dramatizaciones, explica Gladys Altamiranda, para quien Madelag fue su maestra en turismo.
Altamiranda, con mucha desazón, comenta que las autoridades del Ministerio de Educación no la hayan ayudado en el proyecto Me Gusta Leer, cuando se lo presentaron, pero, en cambio han encontrado apoyo por parte de docentes quienes han acogido la iniciativa y han llevado a escena los cuentos.
Según Madelag, los temas de los cuentos surgen de la inventiva de los niños. Cuenta que le pagaba 10 centavos a sus pequeños por cada idea y las desarrollaba. Su hija Edna era la que más ideas le daba.
Los amigos de Madelag eran los niños, esos que conoció en la Calle Estudiante cuando trabajaba en la redacción de El Panamá América (así se llamaba en aquella época). “Hice contacto con los muchachos en los alrededores y al ver que había mucha pobreza, pensé: por qué no puedo poner mi grano de arena en esto. Dios hizo que mi vida se encarrilara por esos senderos”.
Luis H. Moreno, presidente de la Fundación Panameña de Ética y Civismo, destaca que ella “es una vida dedicada no a beneficiarse de su ingenio, sino a brindar todo lo que ha podido a la niñez en cosas que hoy todavía se necesitan urgentemente”.
Sus libros son utilizados en las actividades de Cuenta Cuento del Instituto Nacional de Cultura (Inac), por los valores morales y humanos que reafirman, pero a pesar de su valor la ayuda para imprimir nuevos ejemplares no llega.