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Confeti

"Si careces de humor, hay algo de atrofia en tu intelecto" . J.S. Mill


Hace años me dijo Carlitos G. de P.: «Escritor que se respete mantiene un archivo de retazos literarios, trapos de ideas y ensalada de párrafos». Desde entonces engordo una colección de confetis literarios. Sacudo mi bolsón y miren lo que invade la pantalla:

Matar a Drácula
Por lo que he visto y oído, para matar a Drácula no basta la inocente receta de atravesarle el corazón con una estaca. Se recomienda extraérselo, cocinarlo en vinagre viejo, rociarlo con jugo de papaya y partirlo en cuatro. Se debe viajar al Norte, al Sur, al Este y al Oeste desde el sitio del draculicidio y en la primera ciudad que se encuentre en cada uno de esos rumbos, darle un trozo del corazón a un gato callejero, al que previamente se mantuvo sin comer varios días, y liberarlo no sin antes prenderle la cola.

Nuestra señora del perpetuo asombro
Desorganizada religión cuyo profeta mayor es Kurt Vonnegur, admirador de los árabes porque sus números facilitaron la operación de dividir (era un peliagudo problema con los números romanos). Kurt afirma que en cualquier momento Dios hará acto de presencia para ordenar al mundo que desechen todas las religiones y los partidos políticos por fraudulentos (incluyendo su religión del Perpetuo Asombro). Como muestra de lo que hará si no lo obedecen, destruirá 109 ciudades, entre las que tienen más de un millón de habitantes. Ésto, dice Kurt, confirma lo que él siempre ha creído: Dios no piensa, se aburre.

 

Una fiesta sin amor
Me dediqué a tomar Seco Herrerano con agua y limón. Bailé, bastante apretado, con una bella pupila de Marit, la cubana. Se me ablandó el ritmo porque ella no estaba en lo que yo. Alguien me invitó a naricear en la bandeja de la mesa redonda donde habían derramado “manteca andina” (polvo de la Erythroxylum coca). ¡No, gracias! «¿Por qué?», me preguntan. «Porque no me interesa desaparecer la deliciosa borrachera que estoy fraguando, ni el apetito que sueña mordiscos, y, mucho menos, las ganas de mujer que me eriza». Sin despedirme me largué de esa triste fiesta en la que usan drogas idiotizantes que espantan el sueño, desvalorizan las borracheras majestuosas y entierran las ganas de amar. Encima, son carísimas.


fecha edicion
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386812
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América