Aunque han pasado cinco días desde que terminó el XXXIX Campeonato Mundial de Béisbol, que se realizó en Panamá, no puedo dejar de pensar en lo ocurrido durante el partido final entre los equipos de Cuba y Holanda.
Como ya sabemos , los holandeses ganaron por 2 a 1 y le propinó a los cubanos su tercera derrota en tres finales consecutivas.
Los que de una u otra forma seguimos el desarrollo del béisbol cubano sabemos que este colectivo confía eternamente en la fuerza de su bateo.
En varias ya que ocasiones “ sacan del bolsillo” un batazo de vuelta completa para ganar partidos, pero esa fórmula no funcionó ante un equipo silencioso e inspirado compuesto de una mayoría de peloteros que pertenecen a una serie de islas del Caribe y que juegan en las ligas menores de Estados Unidos.
Ese equipo realizó jugadas espectaculares de defensa en ese juego y se vislumbró como un solo ganador.
Por su parte Cuba optó por la fuerza y la “superioridad” en lugar de aplicar la lógica en cada situación. No usaron el denominado “librito” y ahí radicó su derrota.
Este fracaso del equipo de Cuba marcó un Mundial que para nosotros fue de bajo nivel competitivo.