Tuve el privilegio de retornar a la Universidad de Texas, mi Alma Mater, para cubrir el partido estelar entre los Texas Longhorns y los Kansas Jayhawks en lo que fue la transmisión del “Big Monday” por ESPN.
El ambiente era eléctrico, y el nivel de decibeles altísimo al punto de que muchos colegas de la prensa estuvieron usando tapones para los oídos.
Fue una gran experiencia y una sensación un poco extraña, ya que en esta ocasión no iba como un fanático a apoyar incondicionalmente a mi equipo, sino como un reportero deportivo.
La primera regla para un reportero es que no debe demostrar preferencia por un equipo. El hecho de favorecer a un equipo, mientras se cubre el partido es poco profesional en las latitudes del norte, donde hago la mayor cantidad de mis escritos.
Como podrán entender, fue muy difícil mantener mi neutralidad cuando he sido fanático de esta universidad por más de 20 años; sin embargo, pude mantener el profesionalismo que reina en las latitudes del norte para no pasar mi pena y evitar las malas caras de mis colegas de ESPN, CNNSI y CBS.
Confieso que en los últimos dos minutos se me fueron una que otra muestra de alegría cuando Texas se perfilaba a la victoria.
Al final Texas ganó el partido 72 a 69 y me llevé una gran satisfacción no solamente porque mi Universidad ganó, sino porque a la vez pude cumplir mi trabajo de manera neutral y sin pasar un gran penón.