El libro ganador de la versión 2008 del Premio Nacional de Cuento José María Sánchez, que desde hace una décadapromueve la Universidad Tecnológica de Panamá y que es apoyado financieramente por la empresa SUCASA en sus últimas versiones, fue publicado recientemente.
En Contiendas, obra que pasa a ser parte de la colección "Cuadernos Marginales", los editores procuraron para la misma una mejor presentación, si se le compara con ediciones anteriores, apoyada con una buena fotografía en la portada que hace pareja con el contenido del libro.
Sobre este nuevo hijo del multilaureado autor panameño Héctor Miguel Collado, me gustaría emitir algunas apreciaciones, que lejos de aspirar a que se constituyan en una crítica literaria, deseo que se mantengan en el nivel de "comentarios", "valoraciones" o si bien se quiere, "aproximaciones", a una obra, que sugiero sea tomada en consideración por los lectores.
Y como se trata de una obra premiada en un concurso, los comentarios y valorizaciones que emito son extensivos a quienes la premiaron, en este caso los letrados Félix Armando Quirós Tejeira, Juan David Morgan (Jorge Tomas) y Sydia Candanedo de Zúñiga.
¿Qué se premia en un concurso? Toda premiación en un concurso, a fin de cuentas, es la opinión subjetiva de un grupo de personas convocadas por los organizadores para escoger la obra que a sus criterios resulte la mejor entre las que se presentaron al concurso. En muchas ocasiones, un miembro impone su criterio sobre el resto y en otros casos, se llega a un consenso mediante el método de descarte y considerando valores, incluso, externos a la calidad de la obra en sí, como por ejemplo, la temática del libro.
Para mí, resulta obvio que los jurados hayan premiado la obra, más por la estructura y presentación del libro, que por la buena factura de los cuentos en sí.
Sustento mi aseveración en lo obvio y también en lo velado: lo obvio, porque en su escueto fallo el jurado, por encima del resto de cualidades del libro, hace referencia a la estructura interesante del mismo, donde el autor va examinando la creación y desarrollo de los textos a través de una figura literaria interesante, que es un narrador-personaje, quizá álter ego del autor, que va relatando las circunstancias que envuelven el proceso creativo de la obra y en algunos casos, haciendo una breve introducción del texto siguiente.
Lo velado es que, por conocimiento de causa, soy testigo de la singular predilección que Félix Armando Quirós Tejeira tiene por los libros de cuentos que tienen estructura temática o de algún otro tipo. Recuerdo cómo recalcaba sobre esta predilección en las ya míticas tenidas que sosteníamos semanalmente en el restaurante del Hotel Covadonga, donde solíamos reunirnos los escritores que apoyábamos el suplemento cultural Tragaluz, que se publicó en el fenecido diario El Universalfinalizando la década pasada. A aquella bien recordada mesa acudían, además de Quirós Tejeira, Juan Antonio Gómez, Luis Fuentes Montenegro y otros escritores, que respaldaban ese esfuerzo cultural y mi persona, en calidad de primer editor del suplemento de publicación dominical.
Valoraciones.
Contiendasestá conformado por 24 textos (todos de narrativa breve), envueltos en un sustrato bastante original, que el autor presentó de forma estructural y que ya hemos explicado con antelación. En él pueden apreciarse las preocupaciones existenciales del autor, que son constantes a lo largo de su obra poética y narrativa (Héctor Collado es ganador del Premio Miró en Poesía y además tiene un libro previo de narrativa, por lo que ya no sólo se le debe valorar como poeta, sino como un autor con obra en distintos géneros).
Collado compuso el libro en lenguaje llano, coloquial, en el que se reconocen muchas voces del hablar urbano, citadino, aunque en ocasiones dejó espacio para la poesía.
El barrio de El Chorrillo, tan presente en su obra, en Contiendasdeja de ser aquel idílico escenario de la niñez del autor, para convertirse en el crudo campo de batalla, donde la violencia se encuentra entronizada. En el libro, Collado también vuelve sobre temas recurrentes en su obra, tales como la muerte, el tedio y la cotidianeidad haciendo mella en el amor de pareja, la vida bohemia y personajes en situaciones límite, que deben tomar una decisión rápida que dará un giro inesperado a sus existencias.
El libro de cuentos, como ya mencionamos, tiene una estructura que va llevando al lector de texto en texto, de una manera bastante liviana y ágil, que permite una lectura casi de corrido, si quien tiene el libro entre sus manos dispone del tiempo necesario.
Esta liviandad es, como toda dialéctica, una fortaleza y a la vez una debilidad en el libro, porque en Contiendas el lector no encontrará aquel tipo de cuento que te deja pensando más allá de su lectura. Y en los pocos textos "profundos" que pudieran hallarse en el libro, sus efectos son minados por la sensación de continuidad que provoca la estructura con la que el autor armó el mismo.
Primera y segunda mitad.
En la construcción del libro se observa algo evidente: una decreciente calidad de los textos a medida que se va avanzando en la lectura, terminando en algunos que, en el estricto sentido del género, no podrían catalogarse como cuentos, sino más bien elucubraciones del autor, en busca de hacer su propia catarsis o el auto exorcismo de sus demonios internos.
En esta categoría podríamos ubicar textos como Madera antigua, Jurado de conciencia, Cuánto mal me hace el mall, en los que el autor no llega a cumplir con los requerimientos del cuento clásico (ni siquiera a manera experimental), lo que me hace pensar que fueron incluidos en el volumen más para cumplir con la cantidad de cuartillas exigidas para el concurso, que por sus propios méritos en el género del cuento.
En cambio, textos tales como Cenizas, La cita, Alicia, Paisaje de dos y Deleteme parecen los cuentos que realmente inclinaron la decisión del jurado para favorecer esta obra con el Premio Nacional de Cuento José María Sánchez. Definitivamente en ellos se aprecia no sólo la profundidad existencial de los temas tratados y el modo que empleó el autor para abordarlos, sino la imaginación temática, el recurso literario y la facilidad con que el autor hace de unos temas tan profundos algo tan sencillo de entender hasta para el lector menos atento.
Urgidos de críticos.
La literatura panameña, más que de la "crítica amigable", el espaldarazo del amigo o las loas sin un verdadero sustento, está urgida de una verdadera crítica literaria, que vaya decantando la enorme producción artística que se ha venido presentando a los lectores, sobre todo, en los últimos diez años, en los que han aparecido autores (as) de dudosa calidad, que parecieran estar más interesados en sacar un libro al año (a veces hasta dos o tres), que en ofrecer al incipiente círculo de lectores de libros nacionales una obra de calidad, que perdure en el tiempo y el espacio, y que supere la meta de la primera edición.
Hoy, más que una nueva revelación en la poesía o en la narrativa, la literatura panameña está urgida de un par de buenos críticos literarios, que pongan en perspectiva la producción nacional, ayuden a orientar estéticamente a los lectores y favorezcan el surgimiento de un lector más exigente y de un autor más comprometido con la calidad que con la abundancia de producción, que, debo advertir, no es el caso de Héctor Collado, que tiene una obra publicada bastante pareja y que ha logrado cumbres en el contexto de la poesía panameña, como el caso de En casa de la madre.