Asunción-. Las cancillerías de Paraguay y Argentina están enfrascadas en un frenético esfuerzo por recomponer las cordiales relaciones entre las dos repúblicas vecinas tras las airadas declaraciones públicas de sus respectivos presidentes, Luis González Macchi y Carlos Menem, por el controvertido asilo que Argentina extendió al ex general paraguayo Lino César Oviedo, acusado de asesinato de un adversario político.
Estas gestiones se enfrentaron a un nuevo desafío ante el fracasado encuentro que se había preparado para los dos mandatarios en la ciudad fronteriza de Posadas, en Misiones, el pasado viernes.
El encuentro había sido acordado por los ministros del Interior Carlos Corach y Emilio Brown, de Argentina y Paraguay, respectivamente, y fue cancelado porque Menem se sintió ofendido porque no hubo "una rectificación clara sobre el tema", refiriéndose a la acusación paraguaya de que al rechazar el pedido de extradición, Argentina protegía la impunidad de Oviedo, haciéndose cómplice del mismo.
La escalada verbal entre ambos países, que han retirado momentáneamente a sus respectivos embajadores, tuvo su origen cuando Menem devolvió al Paraguay el pedido de extradición de Oviedo, sin darle intervención a la justicia argentina. De inmediato, Fernando de la Rúa, el candidato de la Alianza opositora argentina, criticó duramente a Menem y afirmó que si llega al gobierno, después de las elecciones de octubre, cancelará el asilo de Oviedo.
"Fracasó la cumbre presidencial y se agrava la crisis diplomática", fue el ominoso titular del periódico ABC Color en su edición del viernes.
Lo cierto es que ni hubo cumbre ni de verdad se agrava la crisis, según fuentes informadas consultadas en Buenos Aires y Asunción.
Estos combates dialécticos que, según altos funcionarios de ambos países, son más "ejercicios retóricos" apuntados al electorado nacional que un reflejo real de las relaciones bilaterales que se consideran "sólidas y duraderas".
Por eso, detrás de los explosivos intercambios verbales de los últimos días se comprueba la existencia de un intenso operativo diplomático que involucra las cancillerías de Argentina, Brasil y Uruguay, además del nuevo canciller paraguayo que culminará con una reunión en Nueva York el 20 ó 21 de este mes.
El éxito de este operativo en gran medida dependerá de las buenas relaciones personales que el nuevo canciller paraguayo, José Félix Fernández Estigarribia, goza con los cancilleres de Argentina, Brasil y Uruguay desde los años que fue presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y, anteriormente, embajador ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Tal como lo adelantara este periódico el pasado miércoles, desde su nombramiento el pasado lunes, el flamante canciller ha estado en constante contacto telefónico con sus homólogos en Argentina y Uruguay, Guido di Tella y Didier Opertti.
También se ha entrevistado con el embajador de Brasil, Bernardo Pericas, quien a su vez se comunicó con el canciller Luiz Felipe Lampreia, para concertar una reunión de los cancilleres del Mercosur en Nueva York donde los cuatro coincidirán en la próxima sesión de la Asamblea General de la ONU.
Dichas fuentes coincidieron que el cruce de palabras entre los dos mandatarios tiene su génesis en la situación política interna, ya que ambos fueron objeto de ataques partidistas en sus respectivos países.
En Buenos Aires, Menem reaccionó ante los duros ataques de un grupo de legisladores y del ministro de Defensa de Paraguay, Nelson Argana, que lo acusaron de proteger a Oviedo.
"El rechazo del pedido de extradición con anterioridad a su consideración judicial, sin haberse invocado los defectos formales del pedido, entraña una evidente ofensa a la democracia de la República del Paraguay", opinó el diputado Radical Marcelo Stubrin, uno de los principales asesores de política exterior de De la Rúa.
"El beneficio de asilo obliga a quien lo recibe a abstenerse de realizar actividades políticas", añadió, condición a la que Oviedo aparentemente hizo caso omiso.
"El presidente Carlos Menem está protegiendo con impunidad a un asesino, a un delicuente, a un cómplice, porque todo eso es Lino Oviedo", disparó el senador Luis Mauro durante una visita a Buenos Aires junto con una delegación de legisladores paraguayos. El senador preside la comisión
bicameral que investiga el asesinato del vicepresidente paraguayo Luis María Argaña, perpetrado el 23 de marzo pasado y del que acusan a Oviedo de autor intelectual.
Mauro además alegó que Oviedo y Menem tienen vínculos comerciales y que el militar paraguayo usaba su exilio en Argentina para enviar armas y dinero a Paraguay.
El escenario del conflicto dialéctico se parece extraordinariamente a la pugna del presidente Bill Clinton con la mayoría republicana del Congreso.
Porque esta última ronda de agravios y desagravios no surgió precisamente de las declaraciones de los dos mandatarios sino que fue causada por el senador paraguayo Luis Alberto Mauro, que acusó a Menem de proteger a Ovideo a la vez que dijo que el ex general estaba enviando armas y dinero al Paraguay.
Algo similar ocurre con cierta regularidad en el panorama interamericano como en el caso de las relaciones con Colombia, donde la Casa Blanca promueve una política de apoyo al proceso de paz iniciado por el presidente Andrés Pastrana mientras que los líderes republicanos claman por una solución militar a la lucha contra las guerrillas y el narcotráfico.
También en relación a Panamá hay discrepancias con el departamento de Estado favoreciendo un periodo de distensión despues de las tensiones que caracterizaron el último año de la presidencia de Ernesto Pérez Balladares, mientras que en el Congreso claman para que de inmediato se inicien gestiones para renovar algún tipo de acuerdo militar entre los dos países tras la entrega del Canal al patrimonio panameño.